Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Vas a ver: Hernán Cortés: reinterpretaciones históricas

1.En materia de historiografía textos van y vienen sobre un asunto determinado y resulta que con el paso del tiempo lo que veíamos de un color se ve de otro. Tal parece ser el caso de la imagen de Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, el vilipendiado conquistador del imperio mexica a quien hemos concebido como un bárbaro. Les cuento queridos amigos esta historia de libros y de percepciones, porque en Morelos la figura de Cortés nos es cotidianamente cercana.
El asombro comenzó en la más reciente reunión que tuvimos los miembros del Seminario de Cultura Mexicana capítulo Morelos, dirigido por la animada periodista Lya Gutiérrez Quintanilla. Estando en la sede del INAH nuestro amigo Víctor Hugo Valencia nos obsequió copias fotostáticas de un dossier dedicado al análisis de una hipótesis que ha puesto de cabeza al mundo interesado en la conquista, me refiero al libro de Christian Duverger titulado “Crónica de la Eternidad” (Tusquets, 2012), en el que se propone a Cortés como el autor de la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, como todos sabemos, publicado bajo la autoría de Bernal Díaz del Castillo por primera vez en 1568.

2.
Son varios los analistas que refutan en este conjunto de ensayos publicado por la revista Nexos (abril 2013) tal hipótesis probando la existencia y luego la gestión de Bernal Díaz del Castillo en Coatzacoalcos y luego en Guatemala; desde Miguel León Portilla y David Huerta, hasta José Joaquín Blanco y Antonio García de León proponen que lo que escribe Duverger es fantasía, una mediana novela policíaca. Pero a ellos los leemos después de leer a Héctor Aguilar Camín y Héctor de Mauleón quienes aprueban la hipótesis de que no fue el soldado Bernal Díaz del Castillo el autor, sino Hernán Cortés. Las pruebas que acreditarían tal hecho se basan en el supuesto de que los hechos que se narran sobre la conquista sólo podían ser conocidos por el propio Cortés; en que Bernal no podía haberlos presenciado todos y menos guardar tan amplia memoria de ellos. Además asumen como cierta la “incultura” del soldado que fue Díaz del Castillo, misma por la cual no podía haber citado nombres y fuentes que aparecen en la “Historia verdadera...”.

3.
No leemos en los ensayos publicados por la revista Nexos a Duverger directamente, sino a los críticos de Duverger, textos sobre un libro que habla de otro libro y sin embargo lo que nos asombra es la imagen de un Hernán Cortés que pudiera haber sido un letrado, culto y escritor cauteloso con sus archivos. Esto en contraste con la idea que nos hemos formado por generaciones del conquistador que vino a evangelizar a los indios y ganarle súbditos a la corona española de manera abusiva; lo pensamos como un aventurero avaro y torpe, un Cortés que en términos de imagen nos viene de los “retratos oficiales”, primero el óleo sobre tela anónimo del siglo XVI que se encuentra en el Hospital de Jesús, del Centro Histórico y luego el elaborado por Diego Rivera, caricaturizándolo, en el Palacio Nacional, ambos en la Ciudad de México. Aunque desde luego el del Palacio de Cortés, hoy Museo Cuauhnáhuac  también juega un papel muy importante en el imaginario colectivo.

4.
En Cuernavaca a Hernán Cortés no se le quiere. La escultura que elaborara el español Sebastián Aparicio para Don Manuel Suárez, instalada originalmente en el Hotel Casino de la Selva y luego donada a la ciudad, fue removida de la Avenida Teopanzolco durante la gestión de Manuel Martínez Garrigós como presidente municipal y fue el Diputado Javier Bolaños Aguilar, quien siendo coordinador de la bancada del PAN pidió su reaparición y reubicación, en mayo del año pasado, argumentando su estatus patrimonial, sin defender a la persona a quien representa y sin hacer juicios de valor estético.
Para la reubicación de la misma se proponía el citado Museo Cuauhnáhuac y recientemente escuché que a un grupo de cultos morelenses se les ocurrió se donara a la Ex-Hacienda de Cortés, ubicada en Atlacomulco, propiedad de la familia González Ulloa, coleccionistas y amantes del arte, pero hasta el momento la escultura sigue embodegada, sin que se sepa que se va a hacer con este caballero de bronce, al que en un intento de “conservación” pintaron de color verde alberca y al que incluso le agregaran los grafitteros unas muy simpáticas “lágrimas de sangre” (pintura roja) durante su estancia en la Colonia Lomas de Cortés.
Todo ello nos lleva a pensar en que nuestra ciudad tiene mil historias que contar, asuntos que son del interés público porque nos identifican como comunidad específica morelense. ¿Por qué no pensar por ejemplo, en que el Cortés de Aparicio puede ser simplemente la representación de la cultura española que nos caracteriza y aceptarlo entre los pocos monumentos que tenemos en la ciudad? Total hay por ahí una historia de un Cortés que como regalo a México fue rechazado y que luego apareció en Perú transformado en Pizarro. FIN.