Se han jugado las Semi finales de uno de los torneos más importantes del mundo, a nivel de clubes. La Súper Copa de España está al nivel de las grandes competiciones, sobre todo europeas. ¿Qué la hace diferente? El tremendo poderío comercial de sus clubes. Allá por el lejano 1936, se trató de hacer un encuentro entre el Campeón de Liga y el de Copa, para dirimir al mejor del año. La Guerra Civil, absurda como cualquier impronto bélico, dio al traste con el proyecto.
Para el 39 se retomó, con baches, saltos y problemas de organización, al grado de que, a mitad del siglo pasado, a alguien se le ocurrió bautizarla como “Trofeo Eva Perón”, en alusión a la esposa del depuesto presiden te de Argentina, Juan Domingo, del mismo apellido. Fue hasta 1982 que se retomó formalmente la idea y ahora, poderoso caballero es Don dinero, diría Francisco de Quevedo, al fin hispano, que se ha trasladado a Arabia Saudita.
Para que tengamos una idea, en las ediciones jugadas en la “Madre Patria”, la utilidad era de un millón de euros, que iba a para directamente a las arcas de la Real Federación Española de Futbol, RFEF por sus siglas. Ahora, genera cincuenta y un millones por lo que, quitados los premios, es el negocio del siglo. También se cuenta con el profesionalismo de los participantes. Los cuatro invitados lo dan todo, llevan a sus mejores jugadores y brindan un gran espectáculo. La sede es en Jeddah, ciudad árabe costera, la cual conocí en el Mundial sub-20 celebrado en el 1989. En el primer partido de esa fase, el Barsa le caminó por encima al Athletic Club de Bilbao.
Para que tenga usted una idea, si no vio el partido, al minuto 30 los tenía tres por cero y al final, fueron cinco los tantos que encajaron los “Leones de San Mamés”. En la otra llave, el “Derby” madrileño fue conquistado por un cuadro merengue práctico, ante un errático equipo “Colchonero” que, simplemente, no supo meterla. Ahora, el domingo, blaugranas y merengues dirimirán la supremacía.
De hueva las provocaciones entre dos individuos castrantes: Vinicius Junior y Diego Pablo Simeone. A veces, se habla más de este tipo de enfrentamientos que, del juego mismo, otorgándoles un protagonismo inmerecido. La polémica sigue abierta: ¿vale privar a tu afición de presenciar este tipo de desafíos en pro de la utilidad?
Particularmente creo, con respeto a la discrepancia, que el armado de los grandes equipos, la infraestructura de fuerzas básicas y el producto final, que es la selección nacional, cuesta mucho dinero, si quieres competir. Por ello, cada vez más vamos a ver fenómenos como este, Mundiales tripartitas, torneos regionales y globalización deportiva.
“Al que no le guste ver fantasmas, que no salga de noche”, reza un viejo proverbio mexicano.
Ojalá que la industria encontrara el modo de rentabilizar los eventos como lo hace el primer mundo. Por lo menos, ahí está ese maravilloso ejemplo que es la… Súper Copa.
