Entre más alta es la caída, más fuerte resulta el golpe. En sus años de “gloria” Raúl Salinas no se imaginó preso en Almoloya. Sentía que tenía todo: dinero, mucho dinero, mujeres, lujos desenfrenados y el poder que le confería ser el hermano consentido del hombre más poderoso de México, el mismo que como Presidente aseguró ignorar las tropelías del que finalmente acabó convertido en su carnal incómodo, y el mismo que como simple ciudadano recibiría el reclamo del prisionero Raúl por el dinero que éste aseguró era suyo, en aquella conversación telefónica cuya difusión en la televisión y los periódicos constituyó el golpe más espectacular que Ernesto Zedillo le propinó a Carlos Salinas. Seis años antes, éste lo había hecho Presidente de México...

La lealtad y la gratitud, ya se sabe, no son atributos de algunos políticos. Un conocido del columnista que en más de una ocasión se topó con Raúl Salinas en los lúgubres pasillos del penal de alta seguridad de Almoloya, lo describió como un hipócrita que saludaba mustiamente a los reos y custodios con un “Dios te bendiga, hermano”. Y al “Chapo” Guzmán lo recordó como a un sujeto con costumbres de líder, siempre amable, dispuesto a invitarles a sus compañeros en desgracia el refresco, la cajetilla de cigarrillos o la sopa “Maruchan” en las tiendas de la prisión. Años más tarde, trasladado al penal de Puente Grande, la compra de voluntades por medio del soborno y los “favores” pondrían a Guzmán en la calle. Detenido nuevamente en 2016, permanece en una cárcel de Estados Unidos.

Siendo gobernador de Quintana Roo, cuya ubicación geográfica fue escogida por Amado Carrillo Fuentes para traficar la cocaína que, haciendo honor a su mote del “Señor de los Cielos”, importaba por toneladas de Colombia, Mario Villanueva Madrid tampoco se imaginó como un prisionero más del penal de Almoloya luego llamado La Palma. Dijera el cómico “Clavillazo”: del 94 al 98 fueron para Villanueva cuatro años “de pura vida”, que se le acabaron cuando salió de malas con Ernesto Zedillo. Aliado de éste y procurador general de la República, Jorge Madrazo Cuéllar no descansó hasta ponerlo a salto de mata, en una fuga que duró dos años para lo que presumiblemente primero contó con un “pitazo” del entonces secretario de Gobernación, Diódoro Carrasco Altamirano, y después con la ayuda del gobernador de Yucatán, Víctor Cervera Pacheco. Más de setecientos días del tingo al tango, se dijo entonces, escondiéndose entre Panamá y Costa Rica y regresando de vez en cuando al balneario del

Caribe, hasta que el 24 de mayo de 2001 fue detenido por la Policía Judicial Federal. Metido a La Palma, en el ritual de “bienvenida” el exgobernador Villanueva fue tratado de la misma manera que los secuestradores Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”, y Andrés Caletri, “El Italiano”. Las imágenes de la televisión mostraron a un hombre acabado, con la cabeza y la mirada gachas, debiendo responder con sumisión “sí señor” a las advertencias que el carcelero le hacía sobre la disciplina extrema que, incluso los reos más peligrosos, debían obedecer sin chistar...

Los que vuelan más alto y llegan a caer, rara vez se levantan. Pero si nadie escarmienta en cabeza ajena, los políticos que delinquen no se ven en el futuro tras las rejas de La Palma o Atlacholohaya... (Me leen mañana).

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