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Sólo un milagro salvará a Édgar

CUERNAVACA, MORELOS.- Sólo un milagro puede salvarlo. Del hilo de la decisión de los miembros de la Junta de Perdones de Texas, pende la vida del morelense Édgar Tamayo Arias.
En su natal Miacatlán, Morelos, lo esperan sus familiares y amigos de la infancia. En su casa, al centro de una repisa, su madre, María Isabel Arias, colocó su foto y la rodeó de velas de esperanza.
Si Dios le concede vida y le hace el milagro, Édgar prometió visitar el Santuario del Señor de Chalma en el Estado de México para agradecerle el favor.
Sin embargo, de las leyes que inventaron los hombres texanos depende el perdón, o la decisión de acostar al mexicano en una cama para aplicarle la inyección letal y arrebatarle la vida. Juegan a ser dioses.
Hasta hoy, desde hace 19 años, los distintos abogados que han conformado su defensa lo han intentado todo. Tocaron todas las puertas oficiales, pero nadie les abrió:
Desde la cámara de diputados en Texas y la oficina del gobernador, Rick Perry. Siguieron cuesta arriba con el presidente de la Cámara de Senadores, hasta la Casa Blanca donde despacha el presidente de los Estados Unidos de América Barack Obama, a través del secretario de Estado, John Kerry.
Las organizaciones internacionales también han insistido: la Corte Internacional de Justicia (CIJ), Amnistía Internacional (AI), la Alta Comisionada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Navi Pillay, La Comisión de los Derechos Humanos en México y la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), manifestaron su inconformidad ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, donde recientemente su defensoría interpuso una demanda ante la corte federal contra la Junta de Perdones de Texas y el gobernador republicano, Rick Perry, a los que acusaron de “Procedimientos de Clemencia Inadecuados”.
Todo, para lograr que se revise el caso de Édgar, quien fue acusado y sentenciado a muerte en 1994 por el homicidio del policía Guy P. Gaddis. Su defensa alega que el mexicano no tuvo acceso a la atención consular como lo estipula la Convención de Viena en Relaciones Consulares al momento de su detención.
También, porque el Estado de Texas se ha negado a acatar el fallo de la CIJ, que ordenaba a Estados Unidos la revisión de los 50 casos de reos condenados a muerte cuyo derecho a la notificación consular fue violado.

“El Protocolo de la Muerte”
Desde el momento que Édgar recibió la pena capital, se echaron a andar los engranajes de la maquinaria de “El Protocolo de la Muerte”, por lo que fue trasladado a otra celda donde inició la cuenta regresiva. Ahí, permanece segregado, alejado de todo el mundo 23 horas al día.

  • El protocolo se inició desde el 17 de septiembre de 2013, fecha en la que Corte de Distrito en el Condado de Harris, Texas, determinó como el 22 de enero la fecha de su ejecución.
  • Édgar fue trasladado a otra celda donde inició la cuenta regresiva. Ahí, permanece segregado, alejado de todo el mundo 23 horas al día sin poder comunicarse con nadie.
  • La puerta de la celda es de fierro sólido y está herméticamente cerrada. Tiene una hora de “recreación” en otra celda más grande, pero en solitario.
  • Unos días antes de la ejecución, inician las visitas con los familiares y amigos. Las charlas son a través de un cristal, en un sitio conocido como la “sala velatoria”. En ese periodo, también deberá decidir que harán con su cuerpo.
  • En la mañana que llega el día de su sentencia, el reo es trasladado a la unidad de las paredes en Huntsville, Texas; donde pasa sus últimas horas de vida es en la sala conocida como la “antesala de la muerte”.
  • La ejecución, la presencian diez personas: cinco del lado del condenado a muerte y cinco de la víctima. Muchos de los condenados no desean que entren sus familiares porque quieren ahorrarles ese momento tan difícil.
  • Hasta hace un año les inyectaban 3 sustancias: la primera los dormía, la segunda les paralizaba el cuerpo y la tercera les ocasionaba una falla de los órganos vitales.
  • En la actualidad, es una dosis letal de anestésico. Dicen sus últimas palabras y empieza a fluir la sustancia letal.
  • Antes, se les permitía elegir su última comida, pero desde hace un año esto cambió y ya no se permite más. Comerá lo que el resto de los presos en la sección que se encuentra.


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