La importancia de la autoridad la pondera Platón en el diálogo Las Leyes, cuando escribió: “Si a las llamadas autoridades sólo las he denominado ministros de las leyes, se debe a que estoy persuadido de que la preservación o ruina de una sociedad, depende de esto más que de cualquier otra cosa”.

Ahora bien, sin quitarle responsabilidad a la sociedad civil, la ruina en que se están hundiendo el país en la inseguridad, la corrupción y la impunidad, se debe en gran parte, a la falta de autoridad del gobierno.

El desorden que vivimos en todo sentido ni están controlados los antros y cantinas ni se respeta la vialidad; en fin, se ha perdido toda autoridad ante los ciudadanos y cerrar tres negocios de esa clase no es la solución. La solución es ejercer la autoridad sobre todos, no sobre casos específicos.

Es importante ante todo, y conviene distinguir entre autoridad y poder. El poder autoritario, que en ocasiones ejercen los gobiernos, no es auténtica autoridad, sino abuso de poder. Es cierto que, frecuentemente, la autoridad debe usar el poder, pero en esos casos debe resplandecer la autoridad moral del gobierno. La autoridad existe para la protección y promoción de los fines de la sociedad, sobre todo mediante el ejercicio de los derechos y deberes: existe en toda sociedad la tensión entre el individuo y la comunidad, entre la libertad y el orden. El individuo puede centrarse en sí mismo, sin caer en el egoísmo o en la indiferencia, y renunciar al “valor de participar”.

Cuando la sociedad renuncia “al valor de participar” y se encierra en la desidia, es corresponsable con el gobierno de los males sociales. Eso está sucediendo en la actualidad y vemos un poco de desidia de los ciudadanos y un poco la poca sensibilidad de la autoridad, que cree que con abrir la boca u opinar ya es ley, sin darse cuenta de que también se equivoca.

Pero que como ciudadanos no queramos participar definitivamente, cuestiona a la sociedad civil: ¿Hasta qué grado ella colabora en la corrupción, en la inseguridad y en la impunidad? El ser humano es social por naturaleza y, para realizarse, necesita la interdependencia, pero la mera asociación aun con la inspiración por la justicia, no es del todo suficiente. A la realidad pandémica de la injusticia se añade la complejidad social y es necesario el principio de armonía que debe inspirar la autoridad. Cuando la autoridad, empero, es incompetente, surgen las alternativas de la autoridad: cierta dictadura o la anarquía, que curiosamente se pueden dar ambas en el mismo gobierno.

Si el gobierno no desempeña bien las funciones esenciales de solidaridad y subsidiaridad, y no combate la inseguridad y la corrupción, no sólo no soluciona las grandes desigualdades sociales, sino que puede llevar a la sociedad a la ruina. En efecto, y esto es de gran importancia, ante la impotencia del gobierno y ante la autoridad desorganizada, surge para ocupar su lugar “el crimen organizado”, que ejerce el poder de modo cruel y despiadado. Esto lo estamos observando en el desbordante incremento de homicidios, secuestros, asesinatos de periodistas, de robos de gasolina en gasolineras y en los ductos de Pemex. El ejército, ha declarado de modo contundente que el robo de combustible ha aumentado y florecido por la omisión de las autoridades.

La corrupción merece un comentario aparte y, según la fuente de “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad”, hace 20 años se mencionaba la palabra corrupción en 508 notas periodísticas y en 27 titulares de diarios mexicanos, en cambio en 2015, la cifra rebasó las 39 mil notas y cerca de 3,600 encabezados. En concreto, los desmanes desorbitados de ex gobernadores en la última década se refieren, al menos, a 17 dirigentes de los gobiernos de los Estados. Se calcula que en conjunto el desfalco corresponde a un botín de 357 mmdp. Nada más en Morelos el desfalco del anterior gobierno es de más de diez mil millones de pesos.

Es obvio que todo gobierno debe tener autoexamen y autocrítica, aspectos que observamos en el presente gobierno sobre los anteriores. Pero eso no deja de ser señalamientos; mientras no se aplique la ley y se haga que los responsables lo paguen, las cosas no van a cambiar.

La corrupción es la enfermedad que nos devora, pero la falta de autoridad aunada a ella es el peor cáncer, ya que se conjuga para acabar con el desarrollo de la entidad.

Más importante es luchar por una auténtica educación en valores, en todos los niveles de la sociedad, que conduzca hacía la equidad y la justicia social.

Planteado así parece fácil, pero tenemos que unirnos para exigir a la autoridad que cumpla con su función, que cumpla con las atribuciones que la ley le da; mientras esto no suceda, seguiremos en el caos en el que vivimos en la ciudad. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León

lavinleon@gmail.com / Twitter: @teolavin

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