Ha pasado un año desde que Claudia Sheinbaum Pardo asumió la Presidencia de México, marcando el inicio del segundo piso de la Cuarta Transformación. Su llegada no solo representó un cambio histórico por ser la primera mujer en encabezar el País, sino también la continuidad de un proyecto político que mantiene viva la esperanza de millones de mexicanos. Sheinbaum ha logrado conservar los principios fundamentales del movimiento que la llevó al poder —honestidad, justicia social y prioridad a los más necesitados—, pero también ha comenzado a imprimir su sello personal. Su forma de gobernar es más mesurada, institucional y enfocada en consolidar lo que ya se construyó, sin perder la esencia transformadora que inició en 2018 con Andrés Manuel López Obrador. En este primer año se han fortalecido programas sociales, se ha ampliado el acceso a becas educativas y se ha impulsado la igualdad de género como eje transversal del gobierno. También se han dado pasos importantes en materia de infraestructura, transición energética y combate a la corrupción, temas que mantienen la confianza ciudadana en que el rumbo sigue firme. Por supuesto, no todo ha sido fácil. Las críticas de la oposición han estado presentes, aunque en su mayoría se repiten los argumentos de siempre. Lo cierto es que Sheinbaum ha sabido mantener la estabilidad política y la gobernabilidad en un contexto nacional complejo. Su apuesta ha sido clara: avanzar sin sobresaltos, priorizando la continuidad y la estabilidad sobre la confrontación. A un año de distancia, puede decirse que el segundo piso de la Cuarta Transformación está en marcha. Y aunque el desafío es enorme, la Presidenta ha demostrado que el cambio también puede hacerse con serenidad, constancia y resultados. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: En Morelos, con Margarita González Saravia al frente, por fin llegó la Transformación. La primera mujer gobernadora ha iniciado una etapa de orden, cercanía y resultados, después de años de abandono. Su estilo sencillo pero firme marca el inicio real del cambio en el estado: una Transformación que ya se siente en la vida de la gente. 6x6: A los 71 años, y tras casi medio siglo de trayectoria en los encordados, Fuerza Guerrera le dijo adiós a la lucha libre. Portador de una máscara inconfundible y de un estilo recio, ‘El Mosco de la Merced’ —apodo con el que también fue conocido— se distinguió por imponer respeto sin recurrir a acrobacias exageradas ni a un carisma prefabricado. Su sello siempre fueron la técnica depurada y la rudeza que lo convirtieron en un referente. En su camino dejó huella en el CMLL, en AAA, en empresas independientes y prácticamente en cualquier escenario donde se presentara. Rivalizó con figuras de varias generaciones y, aunque acumuló campeonatos, máscaras y cabelleras, la gran deuda de su carrera quedará en la lucha de apuestas contra Octagón, su antagonista histórico. La imagen de Fuerza Guerrera amarrando las cintas de la máscara del ‘Amo de los Ocho Ángulos’ a las cuerdas del ring permanece como uno de los recuerdos más poderosos de la lucha libre en los años noventa. Despidamos a Fuerza Guerrera con una ovación de pie, los rudos también lo merecen. ¡Saludos! Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos
