CUERNAVACA, MORELOS.- A sus 79 años de edad, Elia Silvia Rabadán Salgado es cocinera y sigue trabajando, pese a que sus hijos y nietos le piden que se queden en casa a descansar ella prefiere mantenerse activa. 

Un día normal de doña Silvia inicia a las cuatro de la madrugada; se despierta a preparar lo que utilizará en el restaurante en el que trabaja junto con Leonardo, su jefe e hijo. A las 8:00 horas ya tiene todo listo y se sienta a tomar su café y esperar para irse al local. 

Elia Silvia es originaria de Teloloapan, Guerrero; llegó a Morelos a la edad de 3 años; creció con sus ocho hermanos, siete mujeres y un hombre, de todos ellos solo viven tres mujeres.

Ella aprendió a cocinar desde pequeña, su mamá le enseño el arte de la cocina y se convirtió en su pasión. 

Elia Silvia taambién tuvo una familia grande, con once hijos, cuatro hombres y siete mujeres, actualmente viven nueve, también tiene 16 nietos y ocho bisnietos y, de todos ellos, solo su hijo Leonardo es chef y trabaja con él en un restaurante de Cuernavaca. 

Para doña Silvia no hay imposibles en la cocina; nunca estudió, pero tiene tanta experiencia que le han propuesto hacer un libro en el que plasme sus conocimientos. Se ha negado, incluso guarda celosamente las recetas que a lo largo de décadas ha aprendido. 

Las especialidades

Aunque Silvia realiza decenas de platillos, el mole y el pozole verde son algunas de sus especialidades, las cuales puede preparar para una porción o más de cien.

Asegura que le encanta cocinar y mientras tenga vida y fuerza lo seguirá haciendo, disfrutar estar en la cocina y, además, lo hace con mucho amor. 

De las muchas anécdotas que tiene en la cocina, recuerda cuando aprendió a hacer tortillas a mano. 

“Estaba yo chamaca y mi mamá nos decía cómo las quería, tenían que salir tortillas grandes y la masa no se tenía que pegar en las manos ni tampoco romper. Al principio no me salían, me quedaban con un ombligo en medio, mi mamá me ponía las manos en el comal para que yo aprendiera, me quemaba las manos, y sí, aprendí”, relata. 

Su avanzada edad no ha sido impedimento para que Silvia Rabadán siga trabajando. Si bien reconoce que trabajar en la cocina es pesado, ella asegura que le da mucha satisfacción, por lo que seguirá haciendo magia con sus manos para deleitar cientos de paladares con una simple salsa o una langosta. 

Silvia es muy celosa de su cocina y no deja que metan mano en algunos platillos; por ejemplo, cuando cocina pozole verde nadie puede ayudarla porque asegura que se corta y se echa a perder, alguna vez le sucedió y tuvo que tirar cinco cuartillos de maíz. 

Con una gran sonrisa y con orgullo asegura que trabajar durante tantos años en la cocina no le ha ocasionado artritis o alguna otra enfermedad, por lo que da gracias todos los días y pide por tener la oportunidad de seguir adelante, haciendo lo que le gusta y lo que sabe hacer muy bien.

Su pasión. Silvia Elia Rabadán afirma que cocinar es su pasión; ahora es quien mantiene el sabor en el restaurante de su hijo Leonardo.

Por: Marcela García  / marcela.garcia@diariodemorelos.com 

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