Con el temor a contagiarse del COVID-19, Juana Pérez sigue saliendo a las calles de la capital morelense para ganar un poco de dinero. Es madre de dos niños y vive en la Colonia Las Granjas.

A sus 48 años de edad, Juan Pérez toma el crucero de las calles 12 de octubre y Avenida Plan de Ayala para limpiar los parabrisas de los autos que se detienen ahí.

“Todos los días, desde las siete de la mañana, me instalo en este crucero para limpiar parabrisas, pero desde hace unos días solo me encomiendo a Dios para que no me dé el virus que mata.

“En ocasiones me acompañan mis hijos y ellos venden dulces; no limpian vidrios de autos porque son pequeños”, dijo.

Con la contingencia en fase 3, Juana ha decidido no exponer a sus hijos, debido a que no cuenta con los recursos necesarios para atenderlos de un posible contagio.

“Ya no quise que me siguieran acompañando a trabajar mis hijos, por esto de la enfermedad (...) yo no tengo dinero para atenderlos con los doctores, por eso pienso que es mejor no vengan.

“Claro que me da miedo también, pero me pongo mi cubre bocas y que sea lo que Dios quiera”, reiteró.

Ante la falta de personas, Juana ha visto disminuido sus ingresos, sin embargo, manifiesta que se tiene que acostumbrar a esta manera de trabajar, en la que ha recibido algunos desprecios.

“Al día a veces me llego a ganar unos cien pesos, pero ahorita ha bajado mucho. Los carros no pasan y lo peor la gente no quiere que limpie su parabrisas y si lo hacen, cuando me dan alguna moneda no quieren que ni los roce”, comentó.

Por el momento ninguna autoridad médica le ha pedido que se retire del lugar. 

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