La ley de la ventaja

El día de ayer, se conmemoró en muchos países “El Día Internacional del Libro”. Dicha fecha, el 23 de abril fue escogida como tal; en virtud de que, supuesta y casualmente coincide con la muerte, en 1616 de: Miguel de Cervantes Saavedra (el manco de Lepanto), William Shakespeare (el Bardo de Avon) y Gómez Suarez de Figueroa (mejor conocido por su apodo inca: Garcilaso de la Vega).

Aunque la UNESCO promovió todo esto a partir del 2010, lo cierto es que en la madre patria; pero especialmente en la región de Cataluña, es una añeja costumbre, que data de hace casi un siglo, que coincide con el día de Saint Jordi (San Jorge) en donde, se obsequian libros o rosas entre las parejas; así como, con las personas queridas, lo que se ha convertido en una linda tradición.

Todo esto viene a cuenta; en virtud de que, por esas cosas que tiene la vida, una vez que me retiré del futbol cancha, tuve la dicha de ser invitado a escribir, un par de veces por semana, “mi calumnia”, actividad que me enamoró y me ayudó a descubrir al escritor en cienes que vivía (sin yo siquiera sospecharlo) dentro de mí.

Por aquellos días, colaboraba yo, todos los lunes en un programa radiofónico, conducido por mi gran amigo Toño Moreno que se trasmitía por “Estadio W” y con inusitada frecuencia, Toño, me insistía en que “debería de escribir un libro”.

Un buen día, mientras viajaba al caribe mexicano, para participar en un Congreso de Medicina Veterinaria (mi otra profesión), me hice acompañar en la aeronave por un ejemplar, de la autoría de otro gran amigo: Juan Villoro, titulado: “Dios es redondo”, en donde de forma amena hace múltiples alusiones e inteligentes reflexiones en torno al deporte más hermoso que existe sobre la faz de la tierra… el futbol.

A bordo del taxi que me conducía del aeropuerto al hotel, le envié un mensaje de texto a mi (amadísima) mujer para participarle: “Voy a escribir un libro”. Y así fue como empecé a anotar en una carpeta, todas las anécdotas que, poco a poco, iba recordando, para plasmarlas en la computadora, hasta que por fin nació.  “El Silbatazo Final… lo árbitros también juegan”.

Años después, al percatarme de que se me habían quedado varias gratas historias en la carpeta y tratando de incluir algunas otras, relacionadas con mi desempeño con los animalitos de cuatro patas fue que nació “mi segundo hijo literario”, cuyo título que responde a lo generosa que ha sido la vida conmigo, al permitirme dedicar mi existencia, de manera estelar en múltiples facetas, aplicándome… La ley de la ventaja.

 

Eduardo Brizio

ebrizio@hotmail.com

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