Cada temporada decembrina, el árbol de Navidad se convierte en el centro de reunión de millones de hogares. Sin embargo, en un contexto marcado por el cambio climático, especialistas advierten que esta elección tiene un impacto ambiental que va mucho más allá de las fiestas y que pocas veces se analiza con detenimiento.
De acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la comparación entre un árbol artificial y uno natural debe hacerse considerando todo su ciclo de vida: desde su fabricación o cultivo, hasta su destino final. Bajo ese enfoque, las diferencias entre ambos son claras.
Los árboles artificiales suelen tener una huella ecológica más alta. Están fabricados con plásticos y derivados del petróleo, como el PVC, además de componentes metálicos que requieren procesos industriales contaminantes. A esto se suma que muchos son importados, lo que incrementa las emisiones por transporte. Aunque pueden reutilizarse durante varios años, especialistas señalan que la contaminación se genera desde el primer momento, y cuando finalmente se desechan, su degradación puede tardar décadas.
En contraste, los árboles naturales que se venden de forma legal en México provienen de plantaciones forestales manejadas, no de bosques silvestres. Durante su crecimiento, estos árboles absorben dióxido de carbono, contribuyendo a reducir gases de efecto invernadero, y al finalizar la temporada pueden reciclarse o reincorporarse al ambiente, algo imposible para la mayoría de los árboles artificiales.
Además del beneficio ecológico, la compra de árboles naturales apoya a comunidades rurales que dependen de esta actividad como fuente de ingresos. No obstante, Conafor subraya que el verdadero reto llega después de Navidad, cuando muchas personas desconocen cómo desecharlos correctamente y terminan convirtiéndolos en basura común.
Así, la elección del árbol navideño no es solo una cuestión de comodidad o estética. Implica consumo responsable, conciencia ambiental y la oportunidad de convertir una tradición en un gesto que reduzca el impacto ecológico y beneficie tanto al entorno como a las comunidades productoras.
