Este lunes  ante la retirada del ejército estadounidense, la población en Afganistán busca desesperadamente una salida, pero en las calles solo hay hombres.

El aeropuerto repleto de ciudadanos aferrándose a la esperanza de salir del país, hombres intentaban por todos los medios subir a los aviones del personal de Estados Unidos que despegaban, los que lograron colgarse del avión cayeron al vacío.

El ambiente de pánico inició el pasado 14 de abril cuando el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció que comenzarían a retirar sus tropas de Afganistán, este 15 de agosto los talibanes finalmente llegaron a la capital, Kabul, declarando así la victoria.

Mientras los hombres tratan de huir, las mujeres buscan refugio en casa, con temor de que la pesadilla de hace 20 años regrese de nuevo.

Fue entre 1996 y 2011 cuando los talibanes controlaban el país de acuerdo a su propia versión de las leyes islámicas, en donde se declaraba prohibido que las mujeres pudieran estudiar, salir de casa sin un ‘guardián’ o un permiso concedido por este, mostrar su piel en público, participar en política o acudir a una consulta médica atendida por hombres, y mucho menos contaban con acceso al trabajo.

En la deplorable calidad de vida que tenían las mujeres durante este periodo, existían, según la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA), más de 29 prohibiciones impuestas por los talibanes a las mujeres afganas, como lo eran, reírse en voz alta, usar zapatos de tacón, vestir colores vistosos o montar en bici, acciones ante las cuales las consecuencias eran violentas e inhumanas.

Amnistía Internacional entre muchos casos, tiene registro de una mujer de Kabul a la que le cortaron la punta del pulgar por llevar las uñas pintadas.

Esta mañana, mujeres corrieron a protegerse y esconder sus bienes más preciados, sus diplomas de escuelas y universidades.

“Lo primero que hicimos mis hermanas y yo al llegar a casa fue esconder nuestros carnets de identidad, nuestros diplomas y nuestros certificados [de la Universidad Americana de Kabul]. Fue devastador [...]. En Afganistán ya no se permite que se nos reconozca como las personas que somos”, dijo una mujer de la capital, a través de “The “Guardian”.

A pesar de que los talibanes han prometido no cometer ningún acto de venganza y más seguridad para las mujeres, la mayoría de los afganos considera la toma de los talibanes como un retroceso a la sociedad, una catástrofe para ellos y el país.

“Las mujeres estarán en una mejor posición que en el pasado”, aseguró a la BBC Suhail Shaheen, representante en las negociaciones de paz con el Gobierno, y garantizo “su derecho a la educación y al trabajo”, No obstante señaló que tendrán que vestir el hiyab, un velo que cubre la cabeza y el pecho y deja el rostro al descubierto.

“Siento que voy a ser una esclava. Que pueden jugar con mi vida como les dé la gana [...]. Como mujer, me siento víctima de una guerra política que comenzaron los hombres”.

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