AL CIERRE de la semana anterior cayó tormenta dentro del Instituto Morelense de Información Pública y Estadística (IMIPE), como resultado de lo que hacía más de un año estaba en calidad de calma chicha.
Poco o nada queda en el IMIPE de lo que otrora fue un excelente proyecto por la transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio de gobierno y de otros organismos, producto de los intereses particulares.
Y no es que desde su inicio el Instituto fuera ajeno a las manos de actores políticos o partidistas, pero en la más reciente etapa aparte de anidar los intereses particulares, se tornó en un pequeño elefante blanco.
TODAVÍA ALLÁ por 2008 el IMIPE era un organismo respetable y activo en la difícil tarea de hacer que los “entes obligados” cumplieran a la brevedad con los requerimientos de transparencia de los particulares.
Pero, poco a poco ese organismo fue perdiendo dinámica y relevancia, volviéndose por momentos hasta blanco de burla de autoridades rebeldes a la transparencia, que parecían jugarle al gato y al ratón.
En la etapa más crítica, IMIPE colapsó en la tarea de recibir peticiones de transparencia. Curiosamente esa crisis cibernética se debió a gente que tiene relación con uno de los personajes que hoy están dentro.
A ÚLTIMAS fechas, el Instituto de transparencia de Morelos ha sido una entelequia, un cascarón, porque parte de sus funciones fueron asumidas por su símil nacional y porque su pleno quedó como rengo.
La Legislatura previa le impuso dos comisionados cuestionables y la presente le retrasó el nombramiento de otros nuevos, para llegar al actual escenario de jaloneos por el control político de la institución.
En medio de lo anterior, el IMIPE no dejó de salir caro en la ecuación costo-beneficio, pues el gasto corriente fue para no mucho más que realizar cursillos y hacer tareas de propaganda con incierto resultado.
VISTO ASÍ, el Instituto Morelense de Información Pública y Estadística tal vez no sea lo mejor para la transparencia y rendición de cuentas, pero es muy buena opción para recomendados, aviadores y otros bichos.
Por E. Zapata / opinion@diariodemorelos.com / Twitter: @ezapata1
