INCONSISTENTE, si no es que incoherente, la verborrea del senador con licencia Fidel Demédicis Hidalgo, que se desvive en elogios a López Obrador, pero al mismo tiempo lo reprueba cuidando mucho su lengua.

Alias: el temixquense dice que AMLO será un presidente a la altura de Juárez y Cárdenas, pero no le perdona que haya levantado su dedito en favor de Cuauhtémoc Blanco, al que pone como el Señor al perico.

Demédicis usufructuó al PRD hasta donde convino, se refugió en el PT pero con alabanzas a Morena, y ahora que en la repartición no le tocó nada, se puso el disfraz de “independiente”… para servir a Morelos.

DE buenos deseos el arranque del último periodo de esta Legislatura, donde los diputados variopintos coincidieron en que el actual proceso electoral no debe afectar negativamente las labores propias del Poder.

Por ahí sonó un “mea culpa” por lo que ha sido su trabajo en los cinco periodos anteriores, quizá no a la altura de todas las demandas sociales, sin embargo valdría ir más allá, no serían los únicos culpables.

Hasta parece deporte culpar a cualquiera de los tres poderes o a todos por igual sobre su desempeño, pero prácticamente nadie que los eligió asume responsabilidad alguna sobre los resultados. Sobran comodinos.

POR cierto, ya se asoma a la distancia el cierre de las administraciones municipales y todo hace pensar que viene una nueva ola de demandas laborales por despidos que generarán dos-tres demandas millonarias.

Verán, no hay algún instrumento legal que impida que los presidentes municipales corran ilegalmente (previo acuerdo) a sus colaboradores, para que al cabo de un juicio el trabajador resulte con altas ganancias.

Lo anterior son traspiés de Doña Soberanía Municipal, a través de la cual las finanzas municipales se ven bolseadas y se llega a escenarios como el presente donde se buscan millones para el rescate municipal.

PUES no, no todos los “suspirantes” priistas quedaron conformes con el nombramiento de su cuasi candidato a la gubernatura; lo curioso es que no le sueltan candela al elegido sino que culpan hasta al de enfrente.

Por E. Zapata  /  [email protected]
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