Luego del incidente violento en que se vio envuelto el sábado reciente monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo Emérito de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, quedó de manifiesto que él y sus familiares fueron víctimas colaterales.

El prelado natural del Estado de México explicó: “… íbamos en mi coche, un Jetta, con mi familia hacia Chiltepec, nuestro pueblo, como acostumbramos cada fin de semana.

 “Después del Volcán, pasando Cerro Gordo, antes de El Capulín, unas personas de un coche chico venían, en sentido contrario al nuestro, persiguiendo a los de una camioneta, quizá para asaltarles o no sabemos para qué, y les tiraron de balazos.

“Uno de esos balazos, como veníamos entre curvas, pegó en el parabrisas de mi coche, frente a mí, que iba de copiloto, lo perforó y parte de la bala se me incrustó en el cuello, sin afectar cuerdas bucales, y sin sangrar mayormente.

“Unos vidrios se incrustaron en la parte superior de mi mano derecha, sin mayor profundidad, y residuos del vidrio volaron por todas partes dentro del coche, sobre mi familia.

 “Iban conmigo Coca y Pita, más Lupita y José Alberto. Ellos sólo se llevaron el gran susto; sólo mi hermana Coca, que iba en el asiento atrás de mí, recibió un pequeño golpe de una fracción de la bala en su pierna, pero sin causarle herida, sino sólo el golpe.

“Nos fuimos a Chiltepec, donde un doctor me curó, me sacó la bala, me suturó cuello y mano. Estoy milagrosamente bien, dando gracias al Señor y a la Virgen. Ayer domingo celebré en la parroquia, a puertas cerradas, y este lunes regresamos a Toluca.

“De la Secretaría de Gobierno me mandaron protección para nuestro regreso. Nos encomendamos a su oración. Todos estamos expuestos a los diferentes virus”, detalló el religioso y suscribió con su nombre. 

 

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