Cuernavaca, Jiutepec, Emiliano Zapata, Temixco, Xochitepec y Yautepec viven problemas iguales… o parecidos. Lo saben los presidentes municipales electos y los reelectos. Los problemas de vialidad, contaminación, inseguridad y desempleo comenzaron a acentuarse siete lustros atrás como efecto de la migración de familias distritofederalenses huyendo del sismo del 19 de septiembre 1985 que sacudió el centro del país y causó grandísimas pérdidas humanas y materiales. Las dificultades crecieron de tal manera que acabaron por afectar la calidad de vida de más de un millón de habitantes de los municipios conurbados del valle de Cuernavaca. Juntos, la capital, Jiutepec, Emiliano Zapata, Temixco y Xochitepec generan montañas de basura, envenenan la tierra y el aire. Uno al oriente y otro al sur, Yautepec y Xochitepec acabaron literalmente pegados a la plancha de acero y concreto cuyas dimensiones sólo son apreciables sobrevolándola, ya no admirando por las noches la alfombra deslumbrante desde el mirador de la autopista México-Cuernavaca, como la seguridad permitía hacerlo hasta fines de los setenta. Donde en la década de los setenta había campos de arroz, caña, maíz y flores “sembraron” casas, calles, edificios, banquetas, puentes, carreteras. El rojo de los tabiques y el negro del asfalto sustituyeron al verde de los árboles y al azul de los ríos. Ruteros y taxistas acabaron apoderados de pueblos y ciudades, de carreteras, brechas y caminos vecinales. Los vehículos del transporte público son legales porque sus dueños tienen concesiones, pero ilegales los “piratas” tolerados por funcionarios corruptos amafiados con “líderes” de agrupaciones de transportistas. Perdido el clima envidiable de Cuernavaca, miles de motores de combustión interna ponen su parte al calentamiento global. Por eso los calores que no se sentían antes, y los nudos en los conflictos viales que suben las temperaturas. En números redondos, la población de Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Emiliano Zapata y Xochitepec ronda las 800 mil personas. En Jojutla, Zacatepec y Tlaquiltenango viven unas 112 mil personas, y 275 mil en Cuautla y Ciudad Ayala. Con variantes que son propias de cada centro de población, ya que en unos los problemas son parecidos y en otras similares, las soluciones serían aplicadas de manera coordinada, no aislada. ¿Cómo? Creando tres consejos de municipios conurbados, coordinados cada uno por los alcaldes de Cuernavaca, Cuautla, Jiutepec y Jojutla, respectivamente, José Luis Urióstegui, Rodrigo Arredondo, Rafael Reyes y Juan Ángel Flores. Sería la primera vez que ello ocurriera. Quizá. A propósito de la importancia del fortalecimiento del desarrollo territorial, urbano y ecológico de los conurbados de las zonas central y el oriente ya hubo una reunión de alcaldes electos. Destacaron que el gobierno, los ciudadanos y los empresarios deben tener certeza jurídica en inversiones, apertura de negocios, de empresas, construcciones y otras actividades. Pero no pasaron de la verborrea. El lenguaje rebuscado del tecnócrata invitado al evento evitó el ejemplo, liso y llano, de que hace muchos años que el crecimiento de Cuernavaca no da que para las lomas del poniente, ya no más al sur, al norte y al este, pegada tabique con tabique a Santa Catarina, en territorio tepozteco, a Temixco, Jiutepec y Zapata, y extendida la mancha poblacional de la zona conurbada a Yautepec y Xochitepec, casi rosando tierra de Puente de Ixtla y torciendo a Zacatepec y Jojutla en la zona cañera… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com 


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