Al encabezar la clausura del Jubileo 2025, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro, subrayó que este tiempo extraordinario no fue un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino un periodo de gracia que debe prolongarse en la vida cotidiana de las comunidades, bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”.
Al encabezar la clausura del Jubileo 2025, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, subrayó que este tiempo extraordinario no fue un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino un periodo de gracia que debe prolongarse en la vida cotidiana de las comunidades, bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”.
Recordó que el jubileo, celebrado cada 25 años por la Iglesia católica, es una invitación a renovar la relación con Dios, con el prójimo y con toda la creación. En su mensaje, destacó que este año jubilar permitió reconocerse como una Iglesia en camino, no instalada, consciente de que la esperanza cristiana no es ingenua ni evasiva, sino una virtud que se aprende atravesando la historia con Dios.
Monseñor Ramón Castro señaló que cerrar el jubileo implica reconocer la dignidad que Dios ha reavivado en su pueblo, no por méritos propios, sino por misericordia. Afirmó que la memoria agradecida vivida durante este tiempo debe convertirse en misión, siguiendo el ejemplo bíblico de la profetisa Ana, quien supo reconocer el paso de Dios y dar testimonio de ello.
Castro Castro enfatizó que el jubileo ha sido un tiempo de reconciliación, perdón y regreso a lo esencial, y llamó a discernir qué permanece en el corazón más allá de celebraciones y actividades.
“No celebramos lo que hicimos, sino lo que Dios hizo en nosotros”, expresó.
Finalmente, sostuvo que la clausura del Jubileo 2025 no es un punto final, sino un nuevo comienzo, e invitó a la diócesis a seguir siendo una Iglesia de puertas abiertas, cercana y misericordiosa, que encarne la esperanza en una realidad marcada por heridas, desigualdades y búsqueda de sentido, para que la gracia recibida siga dando fruto en el tiempo ordinario.
