Lectura de comprensión


Se estaba apagando la última estrella en el cielo, cuando nació la más pequeña de la familia. La pequeña Malala abría sus ojos grandes de color castaño y miraba fijamente a su mamá.

- ¡Es una niña preciosa! ¡Mira! – decía el papá a los vecinos de la aldea.

Nacer justo antes de que amanezca trae buen augurio según la cultura pastún, pero ningún vecino felicitó a los padres de Malala. Decían:

- ¿Una niña? Son malos tiempos para nacer mujer en el Valle del río Swat.

Malala, sin embargo, creció feliz. Lo que más le gustaba era ir a la escuela. Allí aprendía cosas increíbles y descubrió que lo que mejor se le daba en el mundo era pensar y contar cosas.

En Mingora, que así se llamaba su aldea, comenzaron algunos rumores: ‘El Talibán va a prohibir a las niñas ir a la escuela’, oyó Malala decir a su padre.

- ¡Papá! ¡No me lo pueden prohibir! ¡Yo quiero ir al colegio!

Así, la pequeña siguió creciendo cada día más enfadada con lo que ocurría a su alrededor:

- Si me quitan la escuela, me quitan mi libertad. - se lamentaba.

Pero Malala no se rendía tan fácilmente. Ella encontraría la manera de seguir pensando y contando cosas. Quería que el mundo entero supiera lo que estaba ocurriendo en su país: estaba decidida y encontraría el modo de hacerlo.

Un buen día, cuando solo tenía 11 años, conoció a un reportero inglés.

- ¿Tú qué haces? – le preguntó.

- Cuento cosas.

- ¿A quién?

- A todo el que quiera escucharme. Ahora cuento al mundo lo que está ocurriendo aquí en Pakistán.

Sus ojos brillaron como la última estrella del alba del día que nació. Ahí estaba su oportunidad: ¡yo te contaré todo lo que está ocurriendo!.

Así, Malala pudo seguir pensando y contando, que era lo que más le gustaba. Ella le pasaba notas secretas con lo que le pasaba y lo que pensaba, y él se encargaba de mandarlas a Inglaterra para que lo escribieran en un blog.

Lo que contaba no pasó desapercibido. Comenzó a hacerse famosa y le hacían entrevistas.

Los Talibanes cada vez estaban más enfadados y decidieron buscarla para atacarla:

- ¡¡¡¿Quién de ustedes es Malala?!!! – preguntaban a voces en los autobuses escolares.

Un día, la descubrieron y la atacaron de verdad, de modo que tuvo que marcharse lejos, a otro país.

Pero Malala no se olvidó de sus amigas de Mingora y siguió contando al mundo lo que les estaba ocurriendo. Y siendo aún una niña, le han dado premios por hacerlo, porque a veces lo que no se cuenta es como si no estuviera sucediendo:

Malala dijo “Algunos niños no quieren consolas, quieren un libro y un bolígrafo para ir al colegio.”

 

¿Cómo se llama la aldea en dónde nació Malala?

¿A los cuántos años conoció al reportero?

¿Qué fue lo que dijo Malala?