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Podría decirse que el único perjuicio de estar descalzo es el prejuicio. Se cree (o nos han hecho creer) que si no estamos calzados nos enfermaremos… ¡Y es todo lo contrario! Terapias como la reflexología o la acupuntura indican que las terminaciones nerviosas más importantes están en la planta de los pies.

Desde allí podremos liberar tensiones y desbloquear las emociones no reconocidas que nos producen enfermedades. Entonces, si estamos descalzos es más sencillo que reestablezcamos el flujo energético natural de nuestros pies y, por ende, de nuestro cuerpo.

Caminar descalzo nos permite eliminar todo lo negativo que desestabiliza nuestra salud. El mejor lugar para quitarse los zapatos es sobre el césped húmedo.

¿Para qué sirve andar descalzo?

Si dejamos a un lado lo “espiritual y energético”, existen variadas investigaciones que giran en torno a los beneficios de andar sin zapatos. Algunos de ellos son:

- Reduce el dolor de cabeza y las migrañas.

-Evita el estreñimiento y los problemas intestinales.

-Desinflama los riñones, la vejiga y los órganos reproductores.

-Es bueno para los pacientes con problemas circulatorios como las varices.

-Disminuye el estrés y la excitabilidad nerviosa.

-Sirve en los tratamientos para dolencias respiratorias, como el asma o la bronquitis

-Elimina las toxinas que se acumulan en el organismo

-Reduce los problemas abdominales de origen nervioso, como las úlceras o la acidez

-Permite una mayor oxigenación de los vasos y capilares sanguíneos.

-Facilita la eliminación de las grasas que se acumulan en el cuerpo

-Es un excelente tratamiento para la depresión y la ansiedad

-Permite tener más fuerza y resistencia venosa, ayudando a las piernas a no retener líquidos ni ácido úrico

-Estimula ciertos órganos que están conectados con las terminaciones nerviosas de las plantas de los pies

-Libera las energías acumuladas y “trabadas” en diferentes lugares del cuerpo.

Caminar descalzo sobre piedras o rocas que estén frías (por ejemplo, en ciertas playas por la noche o en invierno) es bueno para los dolores de cabeza, la mala circulación, el dolor de cuello, el catarro y las manos y los pies fríos.

Caminar descalzo por la playa, algo que se hace habitualmente en las vacaciones de verano, fortalece las piernas, previene la piel flácida y la celulitis, da tono a los muslos y los glúteos, marca los músculos de las extremidades inferiores, evita las varices y fortalece los tobillos. Se aconseja hacer este ejercicio en las primeras horas de la mañana, cuando hay menos gente en la playa y el sol no es dañino.

Caminar descalzo sobre el césped o la hierba húmeda, por ejemplo, de rocío o luego de la lluvia, te ayuda a absorber los minerales y la energía de la tierra. Pero además (como si esto fuera poco), fomenta la circulación sanguínea en todo el cuerpo, fortalece el sistema nervioso y el corazón. Es un remedio muy eficaz contra el estrés porque estar en contacto con la naturaleza nos relaja y calma la ansiedad, la depresión, los nervios, etc.

Caminar descalzo en el agua, como puede ser un lago o un río, mejora la circulación, previene los callos, moldea las piernas, combate el pie de atleta, cura cortes e infecciones. Cuanto más movimiento haya en el agua, más efectos conseguirás. En algunos sitios, los pequeños pececitos que habitan la zona irán directo a las impurezas de tus dedos y pies y disfrutarás de un día de spa gratuito y natural.

Caminar descalzo en el cemento o en casa también tiene beneficios, pero son menos profundos que en otros escenarios. Cuando llegas del trabajo, quítate los zapatos y empezarás a sentir un alivio instantáneo. Una buena técnica para estimular los puntos de acupresión en las plantas de los pies mientras estamos en nuestro hogar es frotarlos con una pelota o con un limón. En realidad, cualquier objeto que sea redondo y no muy blando servirá. En seguida comenzarás a sentirte más relajado. Puedes hacerlo mientras miras televisión, comes, preparas la cena o tomas un café.