Para conciliar con el obispo Ramón, Graco convocó a los presidentes de diputados y magistrados, para entrevistarse con el nuncio Franco Coppola.

Con sable desenvainado
iba el ateo, según dicen,
junto con sus convocados…
¡Y el Cura que los bendice..!

Corolario: ¡Luego de ello, el olor a azufre impregnó la Nunciatura..!

Por: PABLO RUBÉN VILLALOBOS

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