Amediados de los años sesenta, la ciudad de Cuernavaca atraía a cientos de turistas nacionales y extranjeros que acudían para disfrutar de uno de los mejores carnavales que se realizaban en el país y que competía dignamente con los más importantes como el de Mérida, Veracruz y Mazatlán.

La ciudad se veía diferente, limpia y ordenada, pues cientos de comerciantes se habían reubicado en el moderno mercado Adolfo López Mateos y un nuevo alumbrado de luz mercurial iluminaba la ciudad por las noches. El carnaval iniciaba en el entonces jardín de los héroes, hoy plaza de armas, con la ceremonia de quema del féretro del “mal humor”. Posteriormente sus cenizas se esparcían a los cuatro vientos.

Cuernavaca lucía alegre y bullanguera, era una fiesta de convivencia familiar. Los cuernavacenses disfrazados o simplemente portando alguna máscara bailaban y cantaban en las calles con singular alegría, pretendiendo divertirse por todos los medios. Los hoteles estaban a reventar, no daban abasto, era tanta la afluencia de visitantes que el departamento de turismo tuvo que alojarlos en casas particulares.

La fugaz reina del carnaval era elegida por votación y su coronación se realizaba en el Hotel Casino de la Selva. El baile en honor a su “graciosa majestad” llegó a ser amenizado por importantes orquestas de esa época como la de Clemente Ojeda o la del maestro Morquecho. Asimismo, se llegaron a presentar artistas como Enrique Guzmán, “Los Crazy Birds”, “Los Belmonts” o las Chicas a Gogó” Y como maestros de ceremonias estuvieron Manuel “El Loco Valdés” o Luis “Vivi” Hernández.

No podía faltar el rey feo, mantenedor de la risa y la alegría, personificado por el querido “Moy” (Moisés Mendoza), quien había sido luchador y a quien recuerdo especialmente en la entrada del cine Morelos, acompañado por su pequeño french poodle, siempre dispuesto a conseguirte un boleto (a cambio de su respectiva propina) a fin de ahorrarte la larga fila.

Había comparsas bailando el tradicional brinco del chinelo, que venían de diferentes pueblos del estado. Se premiaba con dinero en efectivo a la mejor presentada y al mejor chinelo. No faltaron las mojigangas, las bandas de charleston, los carros antiguos, así como hombres vestidos de mujeres y mujeres vestidas de hombres.

Por las noches se realizaba el desfile “Tlahuica”, en el que participaban 500 elementos con un espectacular vestuario. Portando antorchas que utilizaban en el Festival de la Luna Llena, en la pirámide de Teopanzolco. También se presentaron en ese lugar los voladores de Papantla y un espectacular juego de pelota mixteca, entre el equipo “Cuernavaca” y el equipo “Oaxaca”

Multitudinarios bailes populares se realizaron en la calle de Tepetates y en el jardín Melchor Ocampo. En donde importantes orquestas llegaron a tocar, como la de Carlos Campos. También se realizaron bailes y concursos de disfraces en diferentes salones de fiestas.

En el Lienzo Charro hubo grandes corridas de toros, en donde se presentaron famosos toreros como Juan Silvetti, Manolo Espinosa “Armillita” y Carlos Cruz Portugal.

En el “Jardín de los Héroes” (hoy llamada Plaza de Armas Emiliano Zapata) y el Jardín Pacheco se llegó a organizar la “Gran Carrera Nacional de go-karts.

Otras actividades que se realizaron fueron: concurso de mariachis y huapangos, carreras de costales y de burros, concurso de clavados chuscos, se presentaron grupos de teatro y juegos pirotécnicos amenizados por la tradicional estudiantina Minerva. Finalmente, el carnaval terminaba con el entierro de Juan Carnaval.

Se realizaron más carnavales, pero a finales de los años sesenta, en la Plazuela del Zacate se colocaban carpas en donde se expendía cerveza, algunas personas que habían bebido en exceso comenzaron a echar relajo y terminaron desnudando a una dama que ahí se encontraba, este hecho aunado a los robos y otro tipo de desorden que había provocó que los carnavales de Cuernavaca dejaran de hacerse, ese fue el último.

Esta fiesta de la alegría comenzó a realizarse en esta ciudad a mediados de la década de los treinta. En 1965, es cuando se conformó un Comité Organizador integrado por grupos de industriales, comercios y de servicios turísticos, representadas por importantes empresarios cuernavacenses como José Luis Carvajal, Kurth Bartholomaus y Don Manuel Suárez. En los desfiles había coloridos carros alegóricos, como el que presentó Miel Carlota en forma de abeja. Recuerdo especialmente un carruaje que llevaba un enorme barril, jalado por hermosos e imponentes caballos percherones, patrocinado por una importante compañía cervecera.

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