La enfermedad del Covid 19, provocada por el Corona virus SARS COV 2 está presentando una situación sin precedentes en todo el mundo, teniendo consecuencias en los sistemas educativos con efectos en la vida de estudiantes y profesores.
Los cierres en las escuelas y universidades, como medida para contener la pandemia de esta enfermedad, han llevado a tomar decisiones aceleradas para implementar la educación a distancia y asegurar la continuidad de los estudios. Por supuesto no ha sido fácil, pues los obstáculos son múltiples, desde la baja conectividad del Internet, plataformas inadecuadas, así como la falta de contenido en línea ajustado a los programas de estudio presenciales.
Obvio que la educación a distancia es diferente a la presencial, los estudiantes no están acostumbrados al auto aprendizaje y a la construcción de sus conocimientos. Además, los planes de estudio nacionales no están acordes con este tipo de enseñanza y otro punto es un profesorado no preparado para esta “nueva normalidad”.
Para esta situación no están preparados ni las escuelas, ni los profesores, ni los alumnos, ni los padres. Casi de la noche a la mañana se tuvieron que cerrar las escuelas, como medida para contener la pandemia.
El peligro primordial es que las desigualdades en el aprendizaje se amplíen, aumente la marginación y los estudiantes más desfavorecidos se vean imposibilitados de proseguir sus estudios.
La tecnología digital ha tenido un mayor impacto en las últimas décadas, aunque ya existía una tendencia cada vez mayor a la educación virtual.
Las repercusiones inmediatas de la pandemia en la enseñanza superior, se verán en particular en los estudiantes más vulnerables. Aunque no son visibles de inmediato, esos efectos en la equidad y la calidad son importantes y saldrán a la luz a mediano y largo plazo.
Por otra parte, el impacto económico del Covid-19 en las familias mexicanas generará una disminución significativa de la matrícula de las universidades e instituciones de educación superior privadas del país, aunque se trate de apoyar a estudiantes y padres de familia con políticas de cobro más flexibles, colegiaturas más bajas, becas o créditos. Aun así, la deserción será en gran escala, además los estudiantes de nuevo ingreso es probable que no se inscribirán en el próximo semestre y existe un riesgo de que dejen de manera definitiva su educación, pues buscarán opciones de trabajo inmediatas.
Debido a la pandemia la educación en línea probablemente tomará mucho más peso que ahora. El aislamiento y el distanciamiento harán que los jóvenes que quieran seguir con sus estudios lo hagan en este sistema educativo que promociona el constructivismo haciendo a un lado el tradicional conductismo.
Los métodos de evaluación cambiarán de exámenes escritos a portafolios de evidencias, haciendo que el aprendizaje se vuelva más significativo. Además, los tiempos para estudiar y subir tareas serán asincrónicos permitiendo tener tiempo para trabajar y obtener sueldos.
Ahora las universidades públicas tendrán más auge ya que no será un limitante el espacio en aulas y se podrán atender vía plataformas digitales un número infinito de estudiantes. Por supuesto que los docentes tendrán que capacitarse y actualizarse en la pedagogía a distancia.
Claro que todavía existirán las universidades privadas, pero solo subsistirán las que ofrezcan verdaderamente facilidades no solo económicas sino técnicas y especializadas para la educación en línea. Esto propiciará que muchas universidades pequeñas y de poco prestigio desaparezcan.
Hay especialistas en educación superior que plantean la posibilidad de que muchos estudiantes migren de unas instituciones más o menos consolidadas a unas más baratas o a la universidad pública, la otra posibilidad es que deserten o interrumpan sus estudios, lo cual por supuesto es un panorama terrible por lo que habría que pensar en algunos tipos de programas o alianzas para los estudiantes en riesgo de abandonar sus estudios universitarios o de ni siquiera poder iniciarlos como consecuencia de esta pandemia.
Las inversiones que muchas universidades privadas han hecho en edificios, aulas, laboratorios y otros espacios tienen la posibilidad de que continúen vacíos y sin utilidad práctica, aunado a la falta de recursos para mantener estos centros educativos y sobre todo a la plantilla docente, ponen en una situación crítica y de incertidumbre a este tipo de escuelas.
Se prevé una crisis económica en estas áreas, pues al no haber alumnos inscritos no necesitarán profesores y el número de profesores que se necesitarán en esta nueva normalidad educativa será mucho menor y solo tendrá cabida para los que estén verdaderamente capacitados y aptos.
Muchos padres de familia han perdido sus trabajos y no pueden pagar la escuela, inclusive desde principio de este año, lo que pone en conflicto a los planteles pues se quedaron sin opciones para pagar a sus empleados administrativos y docentes.
Solo en Cuernavaca hay más de 35 universidades, contando la UAEM y por su cercanía a la Ciudad de México ha tenido grandes alcances en el terreno educativo. Y como antes lo mencioné todas las privadas están en franca banca rota ya que por décadas miles de alumnos estudiaron en ellas a un alto costo.
Algunas muy buenas en cuanto a los métodos y programas, otras meno
También sea dicho, un gran negocio para los propietarios, por las altísimas colegiaturas los costosos materiales y libros que los alumnos tenían que adquirir. Todo eso se terminó abruptamente con las consecuencias que todos sabemos y que las están haciendo colapsar.
Por: Maru Rojas * / opinion@diariodemorelos.com
*Colaboradora invitada.
