El fútbol mexicano vivió una jornada desastrosa el pasado fin de semana, tanto con la selección mayor, como con el representativo Sub-20 que participó en el Mundial de la especialidad, jugándose todavía en Chile.
Tras calificar como segundo lugar en el llamado “Grupo de la muerte”, vencieron con autoridad al anfitrión, abriendo el portón de la esperanza para esta banda de chavales, sin embargo, el diablo metió la cola y le tocó rifarse con la albiceleste.
Ya hemos comentado en este espacio la especie de maldición en que se ha convertido enfrentar a Argentina, en cualquier tipo de competencia.
Esta, no fue la excepción, con errores futbolísticos y mentales que hicieron ver mal a los dirigidos por Eduardo Arce.
Los chavos cayeron en las típicas provocaciones de sus colmilludos rivales, terminando el juego con nueve elementos, fruto de las expulsiones de Diego Ochoa y Tahiel Jiménez.
Quedan las pinceladas de talento que nadie podrá borrar, pero está claro que ante potencias, como lo son los pamperos, sigue faltando el cuarto pa´l kilo.
Ahora habrá dos agarrones en Semifinales.
El poderoso cuadro de Francia enfrenta a Marruecos y en un duelo sudamericano, los referidos “Chés” van ante Colombia.
Donde si se puso color de hormiga, fue en el duelo de preparación, aprovechando la fecha FIFA, del cuadro que ¿dirige?, Javier Aguirre.
El estadio AT&T, en Arlington, Texas, fue el escenario escogido para el enfrentamiento entre México y Colombia.
Desde aquella dolorosa derrota ante Chile, en la Copa América, donde el Tricolor, entonces entrenado por Juan Carlos Osorio, cayó al son de siete por cero, no se había registrado otra goleada.
El cuadro cafetalero les clavó cuatro, pero pudieron ser más.
La realidad golpeó duro el rostro del combinado azteca.
No hubo una sola fase del juego o punto importante donde se compitiera siquiera.
Técnica, velocidad, planteamiento, mentalidad, contundencia, defensa, en todo fueron notoriamente superados.
Para decirlo rápido, les pegaron un baile.
México no tiene, ni por asomo, un jugador con la calidad de Luís Díaz. Ya había brillado en su paso por el Porto y en la Liga Premier jugando para el Liverpool.
Bayern Münich desembolsó 87 millones de verdes lechugas para hacerse de sus servicios y créame, el tipo vale cada dólar que por él se pagó.
La única buena noticia es que faltan ocho meses para la Copa del Mundo.
Sinceramente no veo en el horizonte, un elemento que pueda cambiar el chip a este grupo.
Al “Vasco” se le están acabando las ideas y ahora se piensa que el español Álvaro Fidalgo, recién naturalizado, puede aportar soluciones, estamos todos locos.
Cuando en una industria, como es el fútbol, se hace todo al revés, resulta complicado que el resultado final sea positivo.
Torneos cortos, con diez calificados, exceso de extranjeros y sin ascenso-descenso nos deberían prevenir que tendremos, en el futuro, otros…sábados de terror.
