Politiquero el rumor sobre un “despido masivo” de trabajadores del Ayuntamiento de Cuernavaca, el alcalde Antonio Villalobos Adán salió al paso, desmintiéndolo. ¿Pero era necesario? Falaz, burdo, vulgar e iletrado el titiritero de los “chalanes” cibernéticos del edil está claramente identificado. Y punto... DE LA creencia popular sobre que entre más calor menos cólera virus, ya ni quién se acuerde. Resultó una mentira como tantas otras, el bicho sigue ahí, es peligroso y a veces letal. Zacatecas es el único estado en color amarillo, pero eso no significa el aniquilamiento absoluto de la enfermedad.

La lógica y los científicos concuerdan: la solución serán el tratamiento médico que cure el mal y la vacuna que lo evite. Mientras tanto, el mantenimiento de la sana distancia, la cuarentena… y la paciencia. ¿Pero la economía? En Cuautla, por ejemplo, los comerciantes del centro amenazan con reabrir sus negocios. Se quejan de que no pueden más, y su dicho es creíble: no sólo ellos, miles de personas en Morelos y millones en el mundo están al borde de la desesperación. Sin embargo, el riesgo del contagio continúa merodeando a la vuelta de la esquina, en la calle, las plazas, los negocios en servicio. Y en medio de todo, la tozudez de los irresponsables que afirman no creer en la enfermedad, o que si creen no les importa. Aducen: “si me contagio, ni modo”, aunque contagien a otros. Es a los alcaldes a quienes les ha tocado lidiar directamente a la bestia de mil cabezas. Son la primera autoridad entre la sociedad y el gobierno que llevan ya tres meses en el frente de guerra. Duermen poco y mal, preocupados, angustiados, todos o algunos.

Eso se sabe por sus vecinos. Es el caso del alcalde citadino Villalobos, que no tiene privacidad pues vive en un condominio. Dos semanas atrás, mucha gente de Cuernavaca estaba segura de que con mayo terminaría la pesadilla. Pero no, se ha extendido a todo junio y quién sabe qué suceda cuando termine este mes. Por otra parte, antes en una de esas a lo peor se presenta el fenómeno que nos pega a todos, ese que con el aumento de la temperatura de la atmósfera del planeta el deshielo de la Antártida suba más aún el nivel del mar. Ya sucedió que la temperatura media de la Tierra se elevó más todavía en 2016, superando con mucho a 2015 como el año “más caliente de la historia reciente”... EL NÚMERO de diputados de la próxima Legislatura local no disminuirá, serán 6 más que en la actual y 4 menos que en la anterior.

Total 26, sumados 18 uninominales y 8 plurinominales. Lo cual dará lugar a la enésima redistritación histórica a partir de 1869 cuando fue instalada la primera Legislatura, entonces con 7 diputados de otros tantos distritos. Aprobada anteanoche la reforma electoral, ¿es bueno o malo el aumento de diputados? El tiempo lo dirá. Con un promedio de diez diputados, las Legislaturas han venido disminuyéndolos o aumentándolos. En 1976-79 fueron 9, dicho sea de paso, entre ellos el empresario automotriz Raúl Iragorri Montoya, por cierto, contemporáneo con diferencia de horas del político-político Marcos Manuel Suárez Ruiz, cuyo fallecimiento –anteayer a la edad de 85– inundó con un sentimiento de pesar vastos espacios de Morelos y la Ciudad de México. Quince diputados en la Legislatura 79-82 que siguió, incluidos por primera vez 3 plurinominales y entre otros Rafael Giménez Valdez por el luego extinto Partido Auténtico de la Revolución Mexicana.

Si una novedad hay en la nueva enmienda, es la prohibición de que ningún partido tenga más de 16 diputados. O sea, Morena, incluida la posibilidad de coaliciones, fusiones, revolturas y frentes de partidos pequeños o medianos que así le echarían montón al movimiento de Andrés Manuel López Obrador para que no se repita el tsunami guinda de las elecciones de julio de 2018. Ajá… (Me leen después).

 

José Manuel Pérez Durán

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