Tal vez el vecindario tenga una idea aproximada sobre desde cuándo empezó la venta de perritos afuera de la tienda Sam’s Club, en la avenida Vicente Guerrero.

 Hace años.  Pudo suceder que, aprovechando la presencia de familias que acuden ahí los fines de semana, a alguien se le ocurrió llevar a vender a su cachorro de raza indefinida, o criollo como se les dice también; o pastor alemán, dóberman, chihuahua, bóxer o lo que sean, pero eso sí: pequeño, adorable, recién nacido, uno de esos perritos que te ven a los ojos y te los quieres llevar ya, en ese preciso instante.

 La venta de perritos duró años, y no estaba mal del todo.

 Los vendedores aseguraban que tenían aplicada la primera vacuna, otros presumían “pedigrí”, mostraban las fotos de sus padres (de los canecitos), naturalmente ninguno daba factura (eran “piratitas”, pues), y de los precios ni hablar: mucho más baratos que en las tiendas de mascotas.

 Por supuesto, ninguno daba certificados sanitarios de salud de los animalitos, de modo que comprarlos podría implicar riesgos para los humanos que los adquirían.

 En este y otros sentidos había que poner orden, y quién si no que “otro cánido” para poder hacerlo que “Lobito”, el alcalde Antonio Villalobos.

Mas de la manera que haya sido como haya sido (o como dijera el cultísimo Felipe Calderón: “haiga sido como haiga sido”), las personas que vendían perritos en el Sam’s necesitan recuperar el ingreso que de pronto perdieron y un lugar para poder volver a vender.

Así que propongo: ¿qué tal el parque Melchor Ocampo? Pero ordenado, limpio, impecable, con la asesoría de veterinarios y un área de perritos abandonados para adoptar con la asesoría de agrupaciones de protectores de animales.

 ¿Puede ser?..

 ZONA de paisajes contrastantes que van de la exuberancia en las riberas del río a los acantilados como cortados con tajos de machete y lomas heridas por cactus de gran tamaño, Huautla, sin embargo, no es muy visitada ni en Semana Santa, a diferencia de los manantiales de Las Huertas del Higuerón que todo el año disfrutan miles de chilangos y morelenses, principalmente los domingos y en la semana mayor ni se diga.

 Para llegar a Las Huertas se toma una desviación de la Autopista del Sol, un par de kilómetros al sur del entronque de Tequesquitengo.

 Aquellos que no hayan estado en la selva caducifolia de Tlaquiltenango no han sentido, incluso en invierno, el calorón como del verano ardiente de Morelos.

 (Pegada al rio Cuautla que va al Amacuzac y desemboca en el Balsas, la comunidad de Chicatlacola es referente de la temperatura más alta de esta parte de México).

Tampoco se han topado con un correcaminos rápido, frenético, zigzagueando en la brecha polvosa, ni admirado en su hábitat a un águila con las patas asidas al cacto de seis metros, ni al halcón sobrevolando tan alto que, si no fuera por los destellos dorados de las puntas de sus alas, se confundiría como un puntito negro en el azul del cielo; o a la víbora camuflada en el matorral esperando el paso de su presa y, si la buena suerte acompaña al visitante solitario, observará sorprendido al venado bebiendo en el río, alerta, con un ojo al gato y otro al garabato por si de pronto se le aparece un puma.

 Presunciones aparte, ¿cuántos de Cuernavaca –por adopción o nacimiento-–conocen más arriba de Tres Marías o más abajo de Temixco? No saben de lo que se pierden.

 Mosaico de paisajes disímbolos y climas discrepantes, pasa por el bosque pináceo de Huitzilac, pasea la vista por las formas caprichosas de los cerros de Tepoztlán, deriva al valle de Oaxtepec extendido más allá de Cuautla, tuerce, baja, sube a la zona del Popocatépetl, retorna a la Villa de Ayala y los cascos de las ex haciendas de Coahuixtla y Chinameca, desciende serpenteando hasta a la zona cañera y de ahí al sur hollando suelos en las sierras de Puente de Ixtla, Mazatepec, Tetecala, Miacatlán… Ignorado por tantos y hecho por pocos, el comentario del recorrido sensacional viene como anillo al dedo por la nota de que este año la Secretaría de Turismo “le dará prioridad al turismo rural”, según la titular de la dependencia estatal, Margarita González Saravia, para cumplir con las recomendaciones que hizo la Organización Mundial de Turismo al declarar el 2020 año del Turismo y Desarrollo Rural.

 El objetivo no es malo, todo lo contrario, pero siempre y cuando no quede en solamente una buena idea como suele ocurrir a la burocracia cimarrona que, advierte AMLO, se dicen tecnócratas y no llegan ni a técnicos… (Me leen mañana).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com