Centrada la discusión en cuáles presidentes municipales ya ratificaron el convenio con el Ejecutivo para la continuidad del mando unificado policial y quienes se resisten a firmarlo, es que el punto principal se está dejando de lado: si para fines operativos este modelo, que viene de la administración anterior y se halla mayoritariamente ratificado, ha sido positivo o negativo en términos sociales y económicos, y si el mando concentrado en una sola persona dificulta la corrupción o la facilita. Pero sobre todo, si este modelo policíaco garantiza o no el mejoramiento de la seguridad pública. A vivir tranquilos todos tenemos derecho. Los viejos de Cuernavaca se acuerdan, añoran tiempos pasados. De eso platican con hijos y nietos. Comparado con ahora, antes prácticamente no sucedía nada. La nota roja consignaba homicidios por venganzas, “hazañas” de carteristas que “trabajaban” limpiamente, sin tocarle un pelo a los distraídos; “zorreros” sigilosos cargando en las madrugadas la platería extraída de mansiones acaudaladas, pleitos de vecindad, chismes de mercados. Cualquier nimiedad era noticia, así que cuando pasaba algo fuera de lo común era tema de plática durante meses. Consignados a lo largo de la década de los setenta los hechos y el seguimiento a sucesos que sacudieron a la opinión pública, como el secuestro de una millonaria estadounidense y el primer gran bancazo en el Banamex de La Selva, ambos a cargo de la guerrilla de Lucio Cabañas; los asesinatos de unos mecánicos en Palo Bolero perpetrados por policías judiciales, o el homicidio de una secretaria del hotel Casino de la Selva que fue un escándalo. Azorados, los comentarios corrían de boca en boca en la calle, casas, mercados, oficinas, fábricas, de modo que al fuereño que los escuchaba y pensaba que acababan de ocurrir los lugareños le aclaraban que “eso” había sucedido hacía meses… 1966. Cuernavaca tenía, acaso, la cuarta parte de la población de la actualidad. Hacía poco que los de aquí habíamos concurrido al último carnaval, realizado en el Jardín de los Héroes y “concesionado” por el gobernador Emilio Rivapalacio Morales al director del periódico “La Voz”, Pepe Gutiérrez. La ciudad respiraba la tranquilidad de las casas con ventanas abiertas de día y de noche, limitada la nota roja a la eventualidad de crímenes pasionales, carteristas de dedos finos y uno que otro hurto callejero, controlada la delincuencia por los policías judiciales y dedicados los municipales, en recorridos pie a tierra o a bordo de la temible “Julia”, a la caza de parejitas fajando en lo oscurito y ebrios sin pudor orinado en la vía pública. El Parque Chapultepec era gratis, escenario bullicioso de familias ruidosas haciendo día de campo, parejitas apapachándose entre los árboles, tardeadas domingueras en la explanada de cemento, clavadistas sacando monedas de veinte centavos arrojadas al manantial. Ah, y noches de jueves para el griterío en la Arena Isabel, animando el público a los limpios (Santo, Blue Demon, Rayo de Jalisco), abucheando a los rudos ¬¬(Karlof Lagarde, El Nazi, Médico Asesino¬¬) y domingos de luchadores locales o segundones. Lo cual da lugar al apunte: “La Isabel”, como la conocieron los cuernavacenses, fue inaugurada en la década de los cincuenta, cerrada el 11 de diciembre de 2009, cuando ofreció su última función, y empezada a demoler el 25 de septiembre 2010. El desaparecido cronista de la ciudad Víctor Cinta relató que era típico que afuera familias y amigos compraran botanas para disfrutar de los combates. La Arena Isabel había sido edificada en la década de los 50 por el señor Miguel González. En ella se realizaban hasta cuatro funciones a la semana de lucha libre, principalmente los miércoles, jueves, sábados y domingos”. Y remachaba: “El vienes 11 de diciembre de 2009, cincuenta y seis años de tradición luchística culminaron, cuando se realizó la última función. Ese mismo día se oficializó la compra-venta y ahora será un recinto religioso”. Lo que al cabo no fue, sino gimnasio, desechada la idea del extinto alcalde panista 2006-09 de Cuernavaca, Jesús Giles Sánchez, de aprovechar el predio ubicado en la esquina del boulevard Juárez y Abasolo para construir un recinto comercial tipo la Plaza Lido que albergara a comerciantes callejeros del centro histórico. Desde entonces la ciudad no tiene una arena de box y lucha libre, pero esa es otra historia. Lo de hoy: la seguridad que se fue y la reedición del mando único de la Policía Estatal, avalado por 31 de los 36 alcaldes, entre éstos los de los nuevos municipios indígenas de Xoxocotla, Coatetelco y Hueyapan, que dicho sea de paso carecen de presupuestos porque ni fijados tienen sus límites territoriales; pero cinco no, como “Toño” Villalobos, de la capital. Por algo será… (Me leen después).

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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