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Pixel: Memoria en la piel

La piel es un lienzo delicado y en ocasiones complicado de modelar; el tatuaje, antigua técnica que aún genera opiniones encontradas: un tabú para parte de la sociedad mexicana y un detallado arte para otros.
Juan Pablo Silva, mejor conocido como “Spider”, por la afición que en su niñez mostraba por el popular superhéroe, es tatuador desde hace 21 años.
Su inquietud nació a muy temprana edad, cuando vio a uno de sus tíos utilizando una rudimentaria técnica utilizando aguja, hilo y algodón para marcar su cuerpo. Entonces, supo que quería dedicarse a aquello.
Todo era empírico, señala “Spider”; “no había una escuela o quién te enseñara a tatuar, debía ver y experimentar, y fue así como a los 14 años me hice el primero, que fue una calaverita”, describe.
“Desde entonces comencé a aprender a experimentar, a buscar técnicas y mejorar la propia”, afirma el artista de la piel.
Aún hay prejuicios entre la gente que cree que por tatuarte se es un delincuente; “yo más bien lo veo como poner historia en tu cuerpo, ir marcando todo aquello que sucede a tu alrededor y dejarlo como una huella de la propia vida”, dice Juan Pablo.
La gente lo busca porque siempre va más allá, porque aún a pesar de llevar un diseño siempre pondrá en tu piel algo que resalte y por ende haga único aquello que portarás siempre en tu cuerpo.
El tatuaje puede ser una técnica, un arte, una forma de expresarte o una simple moda, pero para aquellos que saben lo volátil que es la memoria humana, puede ser una marca de aquello que les ha dejado huella, recordatorio de los fragmentos que son nuestra historia.


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