Una de las características ya distintivas de los cuerpos de policía es la corrupción que existe en sus filas. Por más esfuerzos que se han hecho, y a pesar de las promesas de todos los gobiernos ya sean del PRI, PRD, PAN o Morena, de que se limpiarían las policías, esto no sucede realmente y a través del tiempo nos damos cuenta de que la corrupción es un cáncer que existe a pesar de los discursos y de la cuarta trasformación, y cada día tenemos que enfrentarnos a ella; así de sencillo, desde el policía de esquina o el de la moto, hasta los grandes jefes, normalmente son corruptos.
Nada más hay que ver a los policías de tránsito o vialidad de Cuernavaca, sólo se dedican a quitar placas o a “morder” a todo el que pueden; como son puros fuereños que han venido a esta ciudad, y con la miseria de sueldo que reciben, desde luego no vienen por el sueldo, sino por la “mordida”, que es lo que más les deja, pues si no, no tendría caso que vinieran a este estado y ciudad; en efecto, tenemos en seguridad una invasión de fuereños de primer orden, todos los jefes son de fuera, nadie es del estado por lo que no les importa nada más que hacer una “lanita” y salir huyendo antes de que termine el régimen.
Así lo vimos con Capella y sus secuaces, que salieron pitando y, eso sí, más ricos que los propios secretarios del régimen. De la misma manera lo veremos ahora con los veracruzanos; el problema de la cárcel de Atlacholoaya se dio porque el director era un fuereño que no tenía idea de lo que ahí sucede.
Necesitamos gente comprometida, a la que verdaderamente le importen el estado y la ciudad, pero por desgracia esto no sucede, la mayoría son de fuera y -como siempre- saldrán locos de contento con su cargamento en cuanto tengan lo que consideren suficiente.
La seguridad no existe, más de mil asesinatos en un año es una cifra récord en el estado y, eso sí, muchos discursos, muchas promesas, pero nada de realidades y los ciudadanos ya no salimos en cuanto obscurece, pues la cosa se pone verdaderamente difícil.
Los días pasan y las semanas y los meses y seguimos igual, muchas promesas pero nada realmente efectivo que nos dé seguridad; ya es el colmo, hasta las iglesias están padeciendo robos y te pueden matar en la calle, en las plazas, en el gimnasio o donde sea, pues no hay control de nada.
Los gordos policías sólo se dedican a morder, pero no aparecen cuando hay un ilícito o siempre después. ¿Ya para qué le hacen la parafernalia y no solucionan nada?, ponen sus listones, actúan con cara de furia, pero no arreglan nada si no es alguien famoso el afectado; la verdad es que no dan una.
La inseguridad es total, la policía sólo aparece en los puestos de comida para comer como desesperados o después de los ilícitos, y llegan muchos con un gran escándalo, pasándose altos y con las sirenas desplegadas; y todo para nada, pues el asalto ya pasó y de todas maneras no encuentran a los delincuentes.
La población está cada vez más desprotegida, aumenta el número de antros que trabajan sin permiso y con toda impunidad; vemos a diario carros sin placas, o motocicletas sin las mismas, con permisos chafas con dos o tres personas encima sin cascos y a toda velocidad, pero no hay quien los detenga. Y con el pretexto de que los poblados del norte se rigen por “usos y costumbres” dejan que los antros funcionen de día y de noche completitas, porque ya es rumor por todos lados que un subsecretario es el que les cobra la protección y los demás se hacen como que la Virgen les habla, quizá porque la tajada a los corruptores sociales son buenos proveedores de mordidas por abajo del agua. Los antros están en las banquetas y las ocupan como extensión de sus locales y nadie dice nada. Tan rateros son los ayudantes municipales como las autoridades del Municipio.
Los de vialidad son tan rateros que las policías quita placas hasta a los periodistas atacan si no se caen con una lana, y a pesar de que supuestamente no les hacen nada, los extorsionan de manera cínica y se dedican a infraccionar a los que “no se ponen a mano”.
Así vivimos en Cuernavaca y anexas, y nadie hace nada aparte de convenios y reuniones que no sirven para nada más que para la foto y la publicidad. Lo que queremos son soluciones, no creo que sea mucho pedir, pues para eso pagamos impuestos. ¿No cree usted?
Teodoro Lavín León
lavinleon@gmail.com / Twitter: @teolavin
