Desde 1901, en San Luis Potosí se formo un grupo de jóvenes que estaba en contra de la reelección, entre sus integrantes destacaban Antonio Díaz Soto y Gama y los hermanos Flores Magón, quienes, aprovechando la molestia de las clases medias, se rebelaron en 1906, al estallar la huelga de Cananea; los exiliados en los Estados Unidos de Norteamérica, encabezados por Ricardo Flores Magón, formaron el programa del Partido Liberal, que tenía como fin terminar con la reelección indefinida, primordialmente; quitar las restricciones a la libertad de expresión y promover una enseñanza laica; que los extranjeros renunciaran a la protección de sus gobiernos y las iglesias pagaran impuestos; en fin, que se cumpliera con la ley y se perfeccionaran sus mecanismos de aplicación. 

En 1908, cuando el presidente Díaz declaró al periodista Creelman que el país estaba listo para la democracia, se abrieron numerosas expectativas; a pesar de ello, el gobierno dio pruebas de que no permitiría las libertades políticas a las agrupaciones establecidas, en primer término los clubes reyistas y después el Partido Democrático, quienes sintieron la resistencia gubernamental al cambio político con la aniquilación de la candidatura vicepresidencial de Bernardo Reyes, así como las elecciones de gobernadores en Sinaloa, Morelos y Guanajuato dieron claridad de la cerrazón del gobierno de la oligarquía porfiriana.

Por su parte, Luis Cabrera denunció en sus escritos que las elecciones eran ficticias y que dependían de la oligarquía científica. La falta de movilidad política fue una de las razones en contra del régimen porfirista y la elección del Poder Legislativo fue muestra clara del poder gubernamental, por lo que pedían los opositores una reforma a la Constitución para devolverle su sentido primigenio. La oposición fue creciendo y tuvo un rostro que el gobierno porfirista no detectó, que fueron los cuerpos rurales. Madero había expresado en su libro “La sucesión presidencial” que la coronación de la magna obra de Díaz sería el ejercicio de la democracia. Más adelante fundó el centro anti reeleccionista y se postuló junto con Vásquez Gómez a la presidencia y vice presidencia, respectivamente, y emprendió una campaña sin precedente en la historia mexicana, buscando dar educación cívica a los mexicanos con un folleto denominado “Instrucciones del Comité Ejecutivo de la Convención anti reeleccionista a los clubes locales y foráneos acerca de cómo proceder en las próximas elecciones generales, para la renovación de diputados y senadores al Congreso de la Unión, Presidente y Vicepresidente de la República y magistrados a la Suprema Corte de Justicia “.

Mientras se celebraban con gran derroche las fiestas del Centenario de la Independencia, Madero fue hecho prisionero y, por gestiones del Secretario de Hacienda Yves Limantur, recibió el beneficio de la libertad prohibiéndosele abandonar el estado de San Luis Potosí; no obstante, Madero huyo a los Estados Unidos y ahí redactó el Plan de San Luis, en el cual decidía que el único camino era la lucha armada.

Díaz intentó detener el levantamiento, pero se reeligió y el Congreso ratificó su triunfo, a pesar de que se presento un memorial pidiendo la nulidad de los comicios. Esta decisión fue la que precipitó que Madero tomara las armas; y el ejército fue impotente frente a la rebelión popular. En mayo de 1911se firmaron los convenios de Ciudad Juárez entre el gobierno y los revolucionarios; Díaz dimitió para que no se siguiera derramando sangre y Francisco León de la Barra quedó al frente de la presidencia, gracias a la renuncia de Corral, vicepresidente, preservando el orden constitucional. En consecuencia, las cámaras se conservaron, a pesar de la revolución; el Congreso tenía una presencia importante por tener medio siglo. El Congreso era un símbolo y, contra la opinión de muchos, no sufrió modificaciones, lo que puso en riesgo las reformas por el conservadurismo.

Las clases medias urbanas, a tono con el pensamiento moderno que auspició Justo Sierra, pidieron que se cumpliera la promesa del Plan de Tuxtepec; los hombres ilustrados llevaron al campo su protesta; durante más de cinco meses, Francisco León de la Barra ocupó la presidencia y Madero no ocupó ningún cargo; las diferencias entre los grupos fueron creciendo y las cámaras tomaron la iniciativa de prohibir la reelección.

Después, en 1911, se presentó el proyecto de la reglamentación del Congreso, e inmediatamente al iniciar las campañas se inició también la separación de los grupos maderistas, uno de los cuales formado por hombres muy cercanos a Madero constituyó la creación del Partido Constitucional Progresista, en Julio de 1911, el que postuló las candidaturas de Madero y Pino Suárez, quienes recorrieron el país y, aunque en algunos sitios rechazaron la candidatura de Pino Suárez, en el resultado de las elecciones indirectas Madero arrasó y Pino Suárez ganó por mayoría. Ambos tomaron posesión en noviembre de 1911, pero Madero gobernó con un Poder Legislativo hostil que obstaculizó sus determinaciones, y el nuevo régimen se desgastó ante los movimientos rebeldes que pedían el cumplimiento del Plan de San Luis. Al mismo tiempo, Emiliano Zapata lanzó el Plan de Ayala, que exigía el cumplimiento de las promesas agrarias. En el curso de su administración, Madero se equivocó varias veces y se volvió impopular; asumiéndose como representante de los intereses nacionales, busco la conciliación y fue perdiendo el apoyo que tenía, y la prensa criticó con dureza sus contradicciones en la realidad al gobernar. La desconfianza del gobierno norteamericano creció, a pesar de haber simpatizado con él previamente.

Con Madero se realizó la primera elección directa del Congreso, que quedó establecido en la Ley Electoral, y en septiembre de 1912 entró en funciones la XXVI Legislatura, a la que se le regresaron las facultades que le habían sido arrebatadas en las pasadas cuatro décadas. 

Aquí parte de nuestra historia en el libro extraordinario publicado por la Cámara de Diputados. Interesante, ¿no cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León

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