En México, cada 20 de julio se conmemora el Día Nacional del Bibliotecario para reconocer la labor de quienes organizan, resguardan y difunden el conocimiento. La fecha fue declarada oficial en 2004 como homenaje a quienes, desde sus espacios de trabajo, fortalecen la educación, la cultura y la libertad de pensamiento. Con el paso del tiempo, el papel de estas figuras ha evolucionado hasta convertirse en agentes sociales y promotores del acceso a la información.
Gabriela Reyes trabaja desde hace 21 años en la biblioteca pública Hilda Enríquez de Carrillo Olea, en Temixco. Aunque comenzó su trayectoria en otra área, el reacomodo de personal la llevó a descubrir una vocación que hoy defiende con entusiasmo. “Al principio pensaba que iba a aburrirme, que no había mucho qué hacer, pero cuando conocí la organización interna y tomé los cursos de la Dirección General de Bibliotecas, me atrapó por completo”, recuerda.
Gabriela ha sido testigo de la transformación del trabajo bibliotecario, adaptándose a los cambios tecnológicos sin dejar de lado el trato humano. Disfruta de contar cuentos en voz alta, presentar obras literarias y, sobre todo, formar lectores “por amor”. “A veces llegan niños a los que les conté cuentos hace 20 años. Ahora son papás y traen a sus hijos a los talleres. Eso es lo más bonito”, comparte.
Destaca que, a pesar de las nuevas tecnologías, las bibliotecas siguen siendo espacios esenciales para las infancias. “Nos vamos modernizando con actividades como el chisme literario, las tertulias, el cafecito literario, pero también seguimos siendo ese lugar que muchos niños visitan por gusto o por tareas. Hacemos lo que esté en nuestras manos para que las bibliotecas sigan vivas.”
Gabriela envía un mensaje a sus colegas: “Nuestra labor es fundamental para la promoción de la lectura, la investigación y el acceso a la información”.
