Administrador de Empresas, hombre trabajador, preocupado por el medio ambiente, investigador en artículos ecológicos y enamorado de la Ciudad de Cuernavaca, es Alfredo Madrigal Juárez quien nació en la ciudad de México en 1956 en la colonia Condesa.
Su papá de 98 años, se llama Roberto Madrigal Sainz quien trabajó para la compañía Colgate Palmolive durante 40 años y está jubilado desde hace otros 40 años. Y su mamá, doña María Luisa Juárez Torres, ha sido ama de casa, al cuidado del hogar y a sus seis hijos.
Nos cuenta que a edad temprana llegaban a Cuernavaca cada fin de semana, lugar de las que sus padres estaban enamorados y le decían que era una ciudad de 30 mil habitantes, donde la vida se desarrollaba dentro de unas cuantas cuadras en medio de las tres grandes barrancas.
Estudió la primaria en la escuela Francisco X Abril, la secundaria en la federal No. Tres, la preparatoria en el Instituto Centro Unión, terminando su carrera en Administración de Empresas en la Universidad Iberoamericana.
Su padre se lo llevó a la Compañía Colgate Palmolive donde trabajó en Análisis Clínicos y como prácticas de verano, en el área de Análisis de mercados y al salir de la Universidad, consiguió su primer trabajo como encargado de un comercio en San Ángel por la Plaza Loreto. Laboró para una imprenta como asistente administrativo, pero su primer trabajo formal fue en un laboratorio farmacéutico en el área de la mercadotecnia.
En 1981 se fue a trabajar a la Gillette a la planta de Boston Massachusetts de parte de una asociación nacional de estudiantes la que presentaba las posibilidades de intercambio entre alumnos mexicanos y norteamericanos, cursó créditos en esa universidad que eran válidos para su carrera. Durante su estancia estuvo muy contento y a los tres meses regresó a México al mismo laboratorio de la industria farmacéutica; Después se metió a laborar a Meade & Johnson.
Conoció a Adriana García Moreno en la ciudad de Cuernavaca y al poco tiempo se hicieron novios, contrajeron nupcias en 1987 y se casaron en casa de su amigo John Miller Sosa, quien era su amigo desde que eran niños. La pareja se quedó a vivir en Cuernavaca, ciudad que les encantaba tanto, desde hace 21 años.
Procrearon dos hijos: Bernardo y Regina. El hijo tiene 22 años y está a punto de terminar la carrera de Comunicación y Regina ingresó a estudiar la Carrera de Comunicación en la Universidad (ULA).
Su esposa Adriana terminó la carrera de Técnico Dental en lo que trabajó algún tiempo, hasta que Alfredo y ella decidieron poner un negocio de Artículos Promocionales, Uniformes Escolares e Industriales en cuyo negocio siguen trabajando. Dentro de su local, elaboran plumas, llaveros, carpetas, libretas y otros artículos en esta línea.
En sus días libres les enseñaban a sus hijos a cuidar del medio ambiente, pues la pareja siempre tuvieron una actitud de respeto por la diversidad ecológica y la separación de desperdicios caseros, a la vez que la labor de evitar al máximo el que se siguieran usando plásticos en lugar de materiales biodegradables; y buscar la forma de que todos sus amigos, vecinos y conocidos usaran productos cien por ciento ecológicos.
En 1988, al poco tiempo de casados ambos se hacían cargo del negocio, a la vez que Alfredo seguía laborando en la industria farmacéutica en la Ciudad de México, a la vez que es socio de una agencia que se llama Paceto 80-20 donde se dan servicios en el área de mercadotecnia para distintos laboratorios en la Ciudad de México y en Cuernavaca, especialmente en CIVAC.
Son muy amigos de la señora Lupina Ochoa Charis García, quienes viven en Cuernavaca y los convenció que dejaran la Ciudad de México y se fueran a vivir permanentemente a Cuernavaca, contestándole que ellos ya había contemplado esa posibilidad, por lo que no les costó mucho trabajo tomar la decisión, pues ellos estaban enamorados de la ciudad.
Compraron la casa de su cuñada en Lomas de Atzingo, donde vivieron unos años y luego se cambiaron a la colonia maravillas, sobre el Paseo del Conquistador, donde actualmente viven.  Nos cuenta que les enseñaba a manejar a sus hijos y un día no estando él, Bernando intentó sacar el auto de la cochera y le pegó a la pared, desprendiéndose la puerta de entrada y el auto quedó todo golpeado. Alfredo lo castigó con un año de no darle su semanada ni volver a dejarlo manejar, pero a la semana ya se les olvidó el incidente, el hijo se volvió un gran chofer. Y su hija Regina, aún no sabe manejar.
El más reciente proyecto que su esposa y él quieren impulsar, es la fabricación de bolsas de varios tipos con un material de un tul especial con el cual están confeccionando bolsas ecológicas para todo tipo de uso, en especial para las frutas y verduras, en lugar de usar las bolsas de plástico. Este producto es reutilizable y reciclable.
Están tratando de introducirlo al mercado y esperan que dicho producto se haga conocido y así ampliar su producción. Están muy emocionados con su labor que es parte de su sueño de mucho tiempo atrás.
La mamá de Alfredo falleció hace un año, a los 97 años. Su padre tiene 98, está lucido y promete vivir muchos más. A su mamá le encantaba bailar y siempre estaba de muy buen humor y su padre fue muy trabajador y un poco serio. Alfredo dice que hacían una buena pareja que siempre se complementó. Él sacó el gusto de bailar de su mamá, así como disfrutar de la música. A Adriana también le encanta el baile y en todos los lugares a donde van, hacen una buena pareja.
Llevaron a sus dos hijos a Disneylandia y nos cuenta que ese es un viaje del que nunca se podrían olvidar. También visitaron el Estado de Arizona en época de invierno, donde todos aprendieron a esquiar en la nieve pero que es un maravilloso lugar al que se puede ir en cualquier época del año. Viajan con frecuencia a Monterrey de donde es la familia de Adriana, su esposa y también van a Cancún y con el gusto de ir a ver al hermano de Alfredo Nos cuenta que se la viven en la playa y que cuando van de visita pasean a los lugares más interesantes del lugar, aunque su hermano los quiere llevar, no quieren interrumpir su ritmo de vida por eso se van a pasear solos.
Nos menciona que les llama la atención visitar las pirámides de Teopanzolco, la de las más importantes de Xochicalco, de Xoxcotla la de Tepalzingo y de vez en cuando van a nadar a Cocoyoc, donde gozan de sus jardines y albercas.
A toda la familia le encanta la comida mexicana y nos explica que en la avenida Plan de Ayala, está su restaurante preferido, donde preparan una sabrosa cecina de Yecapixtla y todo tipo de antojitos mexicanos.
Es un hombre emprendedor a quien Cuernavaca lo aprecia y lo respeta.

Por: Rafael Benabib / [email protected]