Tras el cierre de las celebraciones decembrinas —caracterizadas por comidas familiares, encuentros con amigos, regalos y una intensa carga emocional— muchas personas sienten un bajón anímico cuando regresan a la rutina diaria. Este malestar se conoce como depresión post-Navidad o “post-holiday blues”, y no es un trastorno clínico formal, sino un estado de tristeza y desmotivación que aparece al dejar atrás la efervescencia de las fiestas y retomar las obligaciones cotidianas.
Este fenómeno suele surgir por varias razones: el contraste entre los días de descanso y diversión y la vuelta al trabajo o los estudios; la comparación entre las expectativas que teníamos para el nuevo año y la realidad actual; o la nostalgia por seres queridos que ya no están. A menudo, la sensación de que faltan muchos meses para volver a vivir momentos festivos contribuye a la apatía o frustración.
¿Por qué sucede?
Durante la Navidad se activan emociones intensas relacionadas con cariño, unión, bienestar y celebración. Cuando termina ese ciclo, muchas personas experimentan un vacío emocional. Además, se tiende a hacer una evaluación de los objetivos personales al inicio de cada año, lo que puede generar frustración si no se alcanzaron. Ese cúmulo de factores puede provocar tristeza y falta de energía en enero.
Señales frecuentes
Aunque no hay una lista formal de síntomas, quienes atraviesan este bajón emocional suelen manifestar:
- Sensación de tristeza o nostalgia.
- Falta de motivación para realizar actividades cotidianas.
- Menor energía o fatiga.
- Dificultad para concentrarse o retomar horarios habituales.
Estrategias para superarlo
Expertos en bienestar emocional recomiendan varias acciones para mitigar estos sentimientos y recuperar el equilibrio tras las fiestas:
1. Recuperar hábitos saludables: Establecer horarios regulares de sueño, alimentación y ejercicio ayuda al cuerpo y la mente a reequilibrarse.
2. Mantener la conexión social: Continuar compartiendo con amigos o familiares, aunque sea en actividades sencillas, combate la sensación de aislamiento.
3. Fijar metas realistas: En lugar de enfocarse en lo que no se logró, es útil recordar lo positivo del año anterior y plantear objetivos alcanzables que generen entusiasmo.
4. Practicar autocuidado: Dedicarse tiempo para hobbies, paseos al aire libre o actividades relajantes favorece el bienestar emocional.
5. Ver la rutina como oportunidad: Volver a la normalidad no debe verse como una pérdida, sino como la base para construir nuevos proyectos y experiencias.
Si los sentimientos de tristeza persisten más de lo habitual o interfieren significativamente con la vida diaria, es recomendable consultar a un profesional de la salud mental para descartar otros trastornos y recibir orientación adecuada.

