Cuernavaca. Usando el típico método de la motocicleta, uno de dos sicarios le dispara directamente a la cabeza a un hombre apodado “El Talibán”, de 35 años, en la avenida Otilio Montaño de la colonia Alta Vista. Lo asesina con rapidez, de manera premeditada… Cuautla.
Un disparo en el cuello arroja al suelo a un sujeto en la calle Morelos de la colonia Año de Juárez. El par de criminales huye en una motocicleta. Son las nueve de la noche cuando llegan los paramédicos, revisan a la víctima y comprueban que ya ha fallecido. Tenía 33 años… Con lesiones graves resulta un individuo en la calle Otilio Montaño de la colonia Antonio Barona, golpeado por unos criminales que le prenden fuego y se dan a la fuga en una “moto”. Es atendido por paramédicos de la Comisión Nacional de Emergencias, presenta quemaduras en varias partes del cuerpo, pero se niega a ser hospitalizado... Un sujeto de 44 años llamado Aarón es asesinado a tiros por un homicida cuando llegaba a la vivienda donde hacía trabajos de albañilería, en la colonia Ampliación Chapultepec. El hombre de tez morena lleva gorra y cubrebocas de color negro, camina a donde está Aarón, le mete cuatro balazos y huye por la calle Del Canal hacia el Paso Express, donde aborda una moto… Para el personal de la Fiscalía General del Estado fue cosa de rutina. Levantó el cadáver para que fuera trasladado a las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) y consignó las características de la víctima como una más: nombre, estatura, complexión, etc. Los vecinos del centro de Oaxtepec fueron despertados por los balazos. Detectada una camioneta negra que es escoltada por un vehículo blanco con individuos armados, se produjo una persecución que degeneró en una balacera y fue abatido uno de los sicarios… El tema sobre el estado de violencia trae a cuento el que probablemente fue el primer “bancazo” de Cuernavaca, a fines de 1977 Proveedor de recursos para la guerrilla de Lucio Cabañas que obtenía por medio del secuestro y asaltos a bancos, Carmelo Cortés cayó en un enfrentamiento con elementos de la Policía Federal, la Preventiva y la Judicial del Estado en el cerro Las Tetillas de Yautepec. Horas antes, al frente de un puñado de guerrilleros Carmelo había asaltado la sucursal la Selva de Banamex. El “bancazo” fue el primero en la Cuernavaca tranquila de entonces, memorable la persecución de los delincuentes que se extendió a una gran parte de la ciudad, presenciada por vecinos azorados que no daban crédito a lo que veían. La “corretiza” y el enfrentamiento a balazos culminó con la detención de varios guerrilleros y la muerte de Cortés. Participaron elementos de la Policía la Preventiva, entre otros el primer y el segundo comandantes Jorge García e Ignacio Mora, así como el jefe de ayudantes de la Dirección de Seguridad Pública, Isidro Landa Mendoza y, por parte de la Judicial del Estado, el comandante Roberto Quintero Veyra, quien un año más tarde sería uno de los agentes de la Dirección Federal de Seguridad –la temible DFS– junto con Rafael Aguilar Guajardo, el mismo que fundaría el cártel de Juárez cuyo liderazgo heredaría Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”...
En cierta ocasión el columnista entrevistó a un asaltabancos en la desaparecida Penitenciaría de Atlacomulco, y años después a uno más en el penal de Atlacholohaya. Jóvenes ambos, los separaba la diferencia de una generación y, sin que se hubieran conocido personalmente, los unía más de una coincidencia. Los identificaba el ejercicio de la misma “especialidad”, condiciones y “modus operandi” que los retrataba en términos parecidos. La víspera del “trabajo” los miembros de la banda pernoctaban juntos, para evitar dispersiones de última hora. Nerviosos, pasaban la noche viendo televisión, jugando cartas y conversando. Nada de alcohol, aunque solían drogarse. Pasaban mala noche, no dormían, pelones los ojos y tensos los nervios como cuerdas de violín. Sabían que podían morir, resultar heridos o ser detenidos por la policía. Llegada la hora del asalto, excitados, irrumpían en el local del banco previamente escogido. Por supuesto iban armados y debían hacer el “trabajo” rápido, relampagueante. Asustaban a los clientes y al personal con el poder de sus armas, gritaban, recogían los fajos de billetes, salían del local amenazando con pistolas y metralletas. Hecho lo cual abordaban el vehículo que los esperaba con el motor en marcha, huían, cambiaban de carro y se confundían entre el tráfico. Llegaban a su “casa de seguridad”, donde repartían el cincuenta por ciento del botín para el jefe de la banda y el resto entre los demás… (Me leen mañana).
