RECIÉN LA Auditoría Superior de la Federación (ASF) entregó los primeros informes individuales del Resultado de la Fiscalización de la Cuenta Pública 2020 a su ente superior, la Cámara de Diputados federal. 
Más allá del acto protocolario, reviste relevancia mayor porque trae consigo una radiografía sobre el manejo de los dineros públicos, la potencial sanción a los anómalos y alto a la tentación de las raterías. 
Aún con pandemia, no podría ser más rápido este reporte de la ASF, a mucha diferencia de lo esperado de su homóloga morelense Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización (ESAF) del Poder Legislativo. 

EN TANTO la Auditoría federal tiene listo y entregado el ejercicio fiscal 2020, la morelense trae este ritmo, de acuerdo con el reporte más reciente de la misma ESAF que, por cierto, no tiene una cabeza formal. 
Por ejemplo, el avance total de las auditorías de la Hacienda Pública Municipal indica que del año 2016 ha completado el 84 por ciento. De los 33 gobiernos municipales, de aquel año sólo se han publicado 12. 
Del ejercicio fiscal municipal de 2017 va un avance del 66 por ciento; del ejercicio 2018 se tiene un 58 por ciento; de 2019 va un 15 por ciento, y de 2020 no se tiene ni 1 por ciento de avance, no hay nada. 

LOS PORCENTAJES antes consignados son mucho más que simples cifras, reflejan en principio un muy serio problema de operación en la dependencia del Legislativo con presupuesto de 33.5 millones de pesos. 
Más aún, el rezago en la entrega de auditorías es el escenario ideal para la impunidad, dado que en el mejor de los casos surtirían efecto cuando los funcionarios, en este caso municipales, han dejado el cargo. 
Se corre el riesgo, además, de que los efectos de las auditorías caigan en el rango de la prescripción, porque entre la realización de auditoría y la solventación por parte de los auditados, pasan años o más de un lustro. 

DE REMATE. Hasta parece broma que en el sitio de transparencia de la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización, del Congreso de Morelos, se indique que está en la calle “Róbelo s/n”. ¡No se claven con ese acento!

Por: E. Zapata / opinion@diariodemorelos.com / Twitter: @ezapata1

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