SON tan obviamente falsas algunas noticias que corren, sobre todo por las redes sociales, que cuesta trabajo entender cómo es que no poca gente las hace suyas y no duda en reproducirlas como verdad divina.

De hecho, la propagación de noticias falsas no es nuevo, pues aquellos “chismes” son tan añejos con el lenguaje, ahora con la particularidad de que en este campo les llaman “fake news”, que al final es lo mismo.

Ante la proximidad de las campañas electorales, este fenómeno toma una especial relevancia, porque esas noticias falsas desde luego que van a incidir en la decisión de muchos a la hora de acudir a la votación.

VISTO con mayor simpleza el asunto se torna más delicado cuando alguien recibe una noticia falsa y a pesar de la sospecha o certeza de que no es cierta, se le da por buena porque “es como yo quiero que sea”.

Alias, la veracidad de una noticia no es el primer filtro para tomarla o desecharla, sino que toma primordial relevancia que cualquier contenido sea acorde con lo que cada quien desea que sea la realidad.

O sea, hoy día muchos construyen la “realidad” tomando de aquí o de allá lo que le guste y acomode para reforzar su preferencia, hoy con especial énfasis en la preferencia política rumbo a la jornada del 1 de julio.

GRACIAS a los “chismes” o “fake news”, sea de boca en boca o vía las redes sociales, las opciones de candidatos para la elección del próximo 1 de julio se verá distorsionada, pues desde ya nadie resulta opción limpia.

Por ejemplo, de los cuatro probables a la Presidencia de la República no hay uno solo que se haya salvado de “noticias” contundentes que los ubican de ineptos a rateros, pasando por una amplia gama de descalificaciones.

El punto no es quién de entre Anaya, López, Meade o Zavala es el bueno, por la imagen que se ha construido de ellos en la mezcla de noticias verdad y “fake news”, sino quién puede ser el menos peor.

PARA acabarla, hay algunos candidatos que evocan el estilo de los añejos narcocorridos de los 90’s, con los que hacen campaña en busca de llegarle a la emoción del pueblo… y no faltan los que les engordan el caldo.

Por E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata1