La limpieza inadecua da de los oídos es una práctica más común de lo que parece y, lejos de ser inofensiva, puede ocasionar lesiones, infecciones y problemas auditivos que requieren atención médica especializada. Así lo explicó la doctora Fanny Cisneros, médica especialista en otorrinolaringología, en entrevista con Diario de Morelos. De acuerdo con la especialista, no se recomienda introducir ningún objeto en el conducto auditivo, como isopos, cucharillas metálicas o cualquier otro instrumento de uso doméstico. Estas prácticas, aunque populares, pueden provocar la compactación de la cerilla y favorecer la formación de un tapón de cerumen, además de generar infecciones o incluso perforaciones en la membrana timpánica. La limpieza correcta del oído, explicó, debe limitarse únicamente a la parte externa: lavar con agua durante el baño y secar suavemente el pabellón auricular, sin introducir nada en el conducto auditivo. Cuando existe una acumulación excesiva de cerilla o síntomas como sensación de oído tapado o disminución auditiva, lo indicado es acudir con un especialista para retirar el cerumen mediante aspiración o lavado profesional.
Audiometría: clave para detectar problemas auditivos
La doctora Cisneros destacó que, cuando después de retirar un tapón persisten molestias o se detecta pérdida auditiva, es fundamental complementar la evaluación con una audiometría, estudio que permite conocer con precisión el estado de la audición. Este examen resulta especialmente importante para detectar padecimientos que requieren atención inmediata, como la hipoacusia súbita o infecciones del oído medio, así como para identificar pérdidas auditivas crónicas o asociadas a la edad. En adultos mayores, explicó, la audiometría ayuda a determinar opciones de tratamiento, como el uso de auxiliares auditivos, con el objetivo de preservar la calidad de vida. Contrario a la creencia popular, el tapón de cerumen no genera daño auditivo permanente. Sin embargo, la especialista aclaró que existen otros factores que sí afectan la audición a largo plazo, como enfermedades crónicas mal controladas (diabetes, hipertensión), el consumo de tabaco y alcohol, el uso de ciertos medicamentos y el envejecimiento natural del sistema auditivo.
Ruido, audífonos y conciertos: un riesgo silencioso
Otro de los puntos abordados fue la exposición a ruidos intensos. La doctora advirtió que escuchar música a volúmenes superiores a los 85 decibeles, ya sea con audífonos o en conciertos, puede provocar daño auditivo progresivo. Recomendó limitar el uso de audífonos a un máximo de una hora diaria y respetar los límites de volumen que marcan los dispositivos electrónicos. En el caso de conciertos y eventos masivos, señaló que el uso de protección auditiva, como tapones especiales u orejeras (especialmente en niños), puede reducir signicativamente el riesgo de trauma acústico sin impedir la experiencia musical.
Prevención y diagnóstico oportuno
Finalmente, la especialista subrayó la importancia de realizar estudios de audiometría cuando existe sospecha de pérdida auditiva y recomendó que, a partir de los 65 años, este estudio forme parte del chequeo médico anual. La pérdida de audición, advirtió, no solo afecta la comunicación, sino que también puede generar aislamiento social y se ha relacionado con el desarrollo de deterioro cognitivo y demencia.
La principal recomendación es clara: no introducir objetos en los oídos, acudir con un especialista ante cualquier molestia y no subestimar los cambios en la audición.
