Como Cronista de la Ciudad, es mi deber escribir sobre cosas e historias que estén relacionadas con el Municipio, aun aquellas que estén geográficamente fuera de su territorio cuando son parte de su paisaje o de su historia. Como el Popocatépetl, que para muchos es el más hermoso panorama de Cuernavaca a pesar de que no esté dentro de la ciudad, y que su fabulosa vista desde esta población fue fundamental para que Hernán Cortés fundara aquí su casona conocida como palacio en la loma más alta de la Cuauhnáhuac indígena, desde donde se aprecia este muy cuernavacense paisaje de los volcanes y al pie los verdeazulados montes del Tepozteco. Desde este paradisiaco lugar, Cortés administraba y gobernaba el Marquesado del Valle cuando todo el ahora Estado de Morelos pertenecía a la Alcaldía Mayor de Cuernavaca, una de las nueve posesiones separadas que Cortés tenía en el centro de Nueva España.
El agua de este paraíso proviene del bosque de agua del Ajusco, un aljibe natural también fuera de la ciudad, que sin embargo, aquí surgen sus aguas de fama mundial, una de las más ricas y puras que benefician a la población.
En otros temas, dentro de la historia de nuestra ciudad, está la urbanización “Lomas de Cuernavaca” que, aunque tampoco está dentro de esa, es considerada por propios y extraños parte indiscutible de la ciudad, no solo por su nombre sino por su iglesia y paisaje que se admira desde cualquier punto de su territorio, y que desde su loma se admira el Valle de Cuernavaca que dio nombre al Marquesado de Cortés, rodeado de cordilleras y montañas.
La “Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca” cuya historia también pertenece a esta ciudad a pasar de que se encuentra fuera del municipio, y le pertenece, no solo por su nombre, sino porque su fundación vino a cambiar su historia al incrementar su población a la llegada de decenas de grandes industrias que dan cantidad de empleos a oriundos, a tal grado que cambió la vida económica y social de Cuernavaca.
También he mencionado la histórica fábrica de “Cementos Moctezuma” la primera industria importante de Cuernavaca y del Estado, fábrica que, al no estar dentro de la ciudad, también fue determinante para su desarrollo con todos los beneficios que implicó, dando cientos empleos directos e indirectos, con una derrama económica que también marcó la vida de la ciudad.
Por último, tenemos un
“Aeropuerto de Cuernavaca” que tampoco está dentro de su territorio, que como muchos otros alrededor del mundo se encuentran fuera de sus territorios pero que llevan su nombre para poder ser ubicados de manera nacional e internacional.
A todo lo anterior, se suma que el área “Metropolitana de Cuernavaca” está integrada con los municipios de Jiutepec, Temixco y Emiliano Zapata, porque metrópoli, es la unidad territorial dominada por la mayor ciudad que la conforma, en nuestro caso, la capital del Estado, a cuyo entorno se han ido sumando esos núcleos de población, formando una sola unidad económica, social y de interacción, es decir una sola metrópoli.
Por otra parte muy aparte, nada impide a una persona que por haber sido nombrada cronista de una ciudad, pueda investigar y escribir de otros temas que incluso nada tengan que ver con la historia de su ciudad, estado o país.
Así que, ser cronista oficial, no me obliga, como sueltan algunas mentes cortas de lengua largas, a escribir sólo de crónica o sólo de cosas dentro mi ciudad, esa es una falacia, ni hay impedimento alguno para que escriba, además -como lo hago- versos y poemas, cuentos y novelas, sátiras y ensayos.
Las críticas no tienen sentido si no se dicen a la cara, decirlo a espaldas es cobardía que difama, las lenguas puntiagudas siempre apuntan a los de arriba en un intento de ponerse a su nivel. Así que, mientras algunos critican pudiendo vivir su propia vida, la pierden dedicándola a otros, y mientras apuñalan mi nombre, yo escribo algo nuevo en mi historia, y por cada infamia otro trabajo, y a cada puñal lo suyo, y esto me obliga a aclarar que puñal, es una palabra propia que define un arma blanca que solo hiere con su puntiaguda punta y que ha sido apropiada con otros fines.
Para ser feliz hay que valorar lo que se tiene, reconocer y alegrarse por lo que otros tienen, porque la envidia enferma, degrada y exhibe a quien la padece, porque la vive sufriendo por falta de un reconocimiento que se anhela, pero no se merece. No se nace envidioso, se aprende, cuando se carece y quiere lo que tiene a su alrededor.
Unos corretean la liebre y otros sin querer la alcanzan.
¡Hasta la próxima!
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