La primera locomotora, entonces a vapor, llega a Cuernavaca el primero de diciembre de 1897, el día once, el presidente Porfirio Díaz llega en el lujoso tren presidencial para su inauguración, lo acompañan el contratista de la vía férrea José M. Hampson y miembros del gabinete. Ese día, en agradecimiento, se le dio un banquete en el Jardín Borda, por la noche asistió a un elegante baile en el Teatro Porfirio Díaz que entonces se convertía en salón de eventos con fuentes y pista de baile –hoy Teatro Morelos. Al otro día inaugura la primera planta de electricidad para iluminar las calles y principales edificios públicos y particulares, inaugura también los trabajos de la Calzada Leandro Valle y el Puente Porfirio Díaz para unir a la entonces alejada estación del tren con el centro de la ciudad, en esta vía se instalaría una angosta vía férrea con pequeños tranvías de tracción animal. Antes de construir esta calzada el camino para llegar de la estación al centro de la ciudad, se hacía en carruajes cerrados y “calandrias” descapotadas por calle Carlos Cuaglia y calle de Guerrero. A partir de entonces la ciudad inicia un importante desarrollo turístico y comercial.

El tranvía de mulitas o tren de sangre partía de la estación del tren por toda la Calzada Leandro Valle, que para ese fin fue construida en un kilómetro ochocientos metros de longitud, de ahí que sea la única calle sin desniveles en la entonces poco poblada ciudad, hasta entroncar con Calle Matamoros donde hacia una parada; bajaba por esa calle y hacia otra parada en el Hotel Moctezuma -construido por Don Ramón Oliveros Barón en sociedad con el señor Hampson-, en el Jardín Juárez el del kiosco daba vuelta a la izquierda, haciendo otra parada en el Hotel La Bella Vista; daba a la derecha a entroncar al Mercado Colón –ahora Plaza de Armas-  y retornaba por la misma vía hasta calle Matamoros, luego tomaba Ledo de Tejada, Comonfort hasta llegar a Catedral y por Avenida Morelos al norte, hasta Calle Victoria donde daba vuelta a la derecha a entroncar otra vez con Leandro Valle y por la misma vía retornaba hasta la estación. El recorrido también se hacía en sentido contrario al habitual, tanto en ocasiones que lo ameritaba o por reparaciones. La vía tenía un ramal de Avenida Morelos esquina con calle Victoria hasta donde estaba el Hotel Los Canarios, ahí se guardaban los carros y las mulas de tracción. Había trenes con plataformas para carga, y otros con asientos para pasajeros, incluso había particulares. Originalmente, la concesión se dio al norteamericano William T. Pritchard, la pequeña vía tenía poco menos de un metro de ancho. El costo del boleto para un viaje era de seis centavos en primera y cuatro en segunda por kilómetro recorrido, se admitían hasta quince kilos de equipaje por pasajero. Por la carga se cobraban .75 centavos por tonelada-kilómetro, Finalmente la concesión pasó a manos del empresario Don Eugenio J. Cañas. Este tren de sangre dejó de funcionar en 1920 por la proliferación del automóvil que ya daba ese mismo servicio.  

El entonces “Ferrocarril Mexicano” se encargó de hacer la primera promoción turística a la ciudad, con la novedosa ventaja de vagones y pulman con servicio de hotel, que en aquellos primeros tiempos del ferrocarril, a falta de hoteles de primera, se estacionaban temporalmente en vías alternas de la estación para hospedar a los visitantes durante su estancia. El tren contaba también con restaurante atendido por chefs internacionales y bar. 

En 1901 se construye el hermoso edificio de la estación con arquitectura de la época y similar a otras estaciones, en la parte alta contaba con un hotel de diez habitaciones, en la planta baja estaban la taquilla, bodega, sala de espera y oficinas. 

Los turistas dejaron de llegar durante la Revolución, y el tren solo fue usado por tropas federales y revolucionarias usándose solo cuando la estación era tomada por las armas de uno u otro bando. 

La importancia del ferrocarril como vía de comunicación primordial, prevalece hasta 1922 año en que se estableció el primer servicio urbano de autobuses entre la Ciudad de México y Cuernavaca.

En la década de los años treinta con las mejoras de la carretera de la capital a esta ciudad y por la proliferación del automóvil, el uso del ferrocarril se fue reduciendo en sus últimos años solo a servicio de carga y de pocos pasajeros con viajes cortos entre estación y estación como transporte local, a unos meses de cumplir cien años, en 1997 dejó de funcionar.

El edificio, estuvo abandonado desde que el tren dejo de llegar a Cuernavaca  y fue destruida su techumbre por un incendio en 2012. 

Hoy, la estación se reconstruyó como en sus mejores épocas, tomando un segundo aire, dándole uso de escuela de música, es así como la ciudad recuperó ese magnífico e histórico edificio. 

P. D. Hasta el próximo sábado

Tren presidencial en Cuernavaca, 11 de diciembre de 1897, inauguración de la vía. Foto: Colección DeGolyer Library

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx

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