En los inicios del pasado siglo, la situación en el Líbano de era muy difícil y peligrosa, había hambruna, pocas garantías había para los cristianos en un país dominado por los otomanos que favorecían a los musulmanes. El éxodo en busca de una vida más tranquila y mejores oportunidades era inevitable. Una gran mayoría de los cristianos libaneses se instalaban en el muelle en espera de un barco con rumbo a América, no importaba el hacinamiento ni en que puerto atracaría… La casa de nuestra narración, ubicada a unos metros del Puente Porfirio Díaz, era propiedad de una de esas familias de emigrantes libaneses que llegaron a México entre los años ’20 y ‘30, famosa por su hermosa arquitectura y proporciones, hoy, por su aparente abandono, se le han atribuido múltiples historias relacionadas con espantos y aparecidos.

Recuerdo cuando pequeño, que pasando frente a esa casa, mi padre Carlos Lavín Oliveros, me comentó que él había dirigido esa construcción destinada para los fines de semana de una familia libanesa, que desde que la construía, fue muy comentada, primero por su esplendor, después por sus lujos y buen gusto, y ahora por su apariencia fantasmal, de ella se cuentan un sin fin de historias, mitos y leyendas. Investigando, encontré a uno de los descendientes de los propietarios originales, y dio la casualidad que es nuestro estimado amigo el empresario Armando Haddad, y me comenta que el dueño original fue Alfredo Haddad Khairala -hermano de su abuelo Gabriel- del que todavía sobrevive una hija.

Roberto Haddad, uno de los tíos de Armando, nos comenta; “Esa casa originalmente fue de la familia Haddad Khairala en una sociedad de cuatro hermanos Alfredo, Gabriel, mi padre Jorge, y Emilio, mismos que se fueron separando y la casa finalmente fue adquirida por Alfredo –el mayor- mediante liquidación a sus hermanos. La heredó a su hijo Emilio –QEPD quien la vendió a un señor de Cuernavaca, al parecer un vecino que vivía atrás yo estuve presente en la venta. Tenía un garaje para dos autos en la terraza de arriba, y sobre la calzada Leandro Valle para cinco más. Sobre la construcción, que por cierto –dice- mis respetos, es una casa de muy buen gusto –agrega- creo que mi papá como siempre aficionado a la construcción en algo intervino en su diseño. El Terreno se compró en 1943, la construcción empezó en 1944. El diseño es majestuoso. Desde nueva, la gente se paraba a admirarla. La entrada principal se usaba pocas veces por su gran escalinata. La planta baja tenía dos terrazas, una a cada lado de la puerta de entrada de herrería negra y vidrio. Al abrir la puerta, había un hall grande con la escalera al fondo para el segundo piso.

A la izquierda se hallaban el comedor y la cocina y una recámara con un gran baño, enfrente había una puerta que daba a una terraza grande por donde se entraba a la casa. En el segundo piso había cuatro recámaras y dos baños completos. Las tres recámaras al frente tenían su propia terraza que unía los tres cuartos. En el tercer piso se encontraba un gran mirador desde donde se disfrutaba la vista de la ciudad y más allá”. “Se inauguró en diciembre de 1944 para celebrar el bautizo de Emilio mi hermano que había nacido el 14 de marzo, quien fue bautizado en la cercana Iglesia del Calvario “Fue un fin de semana como en las Mil y una Noches, con música árabe tocada en el laúd. Esto ocurrió en el mirador del tercer piso donde los caballeros conversando en su lengua natal, bebían y comían platillos libaneses a la luz de las estrellas con la fabulosa vista de las todavía tejadas casas de Cuernavaca. Por muchos años, los días 13 de diciembre fue lugar de reunión de amistades y familiares para celebrar el cumpleaños de mi padre”. Termina la cita del Roberto. Por su parte, Armando Haddad nos cuenta; “que su tío Alfredo era el mayor, de los hermanos que llegaron de Hammana Líbano cerca de Beirut, con una mano por delante y otra detrás.

Quien se quedó con la casa fue Alfredo que era el patriarca y el capitán de las empresas familiares”. Nos sigue contando nuestro amigo Armando; “Mi tío Emilio, el hijo de Alfredo, que vendió la casa en 1998, murió apenas la semana pasada” (abril de 2020). El terreno lo compro Alfredo Haddad Khairala probablemente en 1943, con la idea de construir una casa y disfrutarla los ­fines de semana por toda la familia Haddad, haciendo saber a sus hermanos, Gabriel, Emilio y Jorge que la casa pertenecería a todos”. -La casa fue propiedad de la familia Haddad por más de medio siglo, quienes llagaban todos los viernes de la Ciudad de México, fue construida en lo alto de la loma de conocida como “El Miraval”, que, por lo que investigué, ese nombre es una contracción de “Mira Valle”, costumbre muy a la usanza en la península Ibérica dese tiempos remotos para nombres de lugar.

Desde la época colonial, era el lugar donde las familias cuernavacenses solían pasar días de campo con la vista del caserío y más al sur, el valle. La casa está deshabitada desde hace un cuarto de siglo cuando fue vendida por los Haddad. Del heredero del comprador o actual dueño, no fue posible recabar su nombre, solo es conocido por su apodo, quien frecuenta ciertos lugares el centro de la ciudad y parece no tener interés en la posesión o está en uno de esos interminables litigios, resultando que hoy es refugio ocasional de indigentes y malvivientes. P. D. Hasta el otro sábado.

 

CARLOS LAVÍN FIGUEROA

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