Las formas de hacer política se ha transformado sin que nos hayamos dado cuenta. El cambio se dio de manera imperceptible. Es similar a la muerte de la rana en agua caliente: al meterse en un recipiente disfruta del agua tibia, y poco a poco al ir aumentando la temperatura del agua, llega un punto en el que muere la rana y ella no se enteró.
Los partidos anteriormente fuertes han disminuido sensiblemente su presencia. Los nuevos partidos surgidos de la nada y que gobiernan el Estado, no logran construirse como organizaciones políticas serias y probablemente vuelvan a ocupar una posición menor a la obtenida en 2018.
Tampoco han surgido liderazgos fuertes que logren aglutinar corrientes de opinión importantes. Basta ver los números que obtuvieron para su registro los nuevos partidos.
El prestigio de los partidos está por los suelos, pero son indispensables para la vida democrática. Las nociones de política de derecha y de izquierda han desaparecido. Ya no dicen nada, pues no existen diferencias visibles ni en la ideología ni en sus proyectos y menos en el comportamiento de los dirigentes.
La pirámide del poder está destruida. Pulverizada. 22 partidos políticos contendiendo en la entidad nos habla de una profunda división de la sociedad. De ausencia de liderazgos; de ausencia de estructuras política fuertes; de ausencia de proyecto político serio, comprensible, con objetivos definidos y alcanzables. Surgen nuevos caciques que compiten con los tradicionales. Los más experimentados entienden la necesidad de aglutinarse para dar la batalla, pero el desprestigio ganado a pulso en su gestión previa los debilita y pronto surgirán conflictos entre ellos.
El partido en el gobierno está obligado a dar la pelea para tener un congreso amigable, y ganar los principales gobiernos municipales, pero no tiene estrategia ni rumbo, simplemente se cuelga del discurso de AMLO. No van a presentar nada más que eso.
El campo de batalla ha cambiado. La lucha se da por aire (Radio, TV, Redes). Pero la lucha final se gana por tierra (Organización territorial; logística para asegurar votantes, prensa escrita, bardas, espectaculares, etc.) Nada está decidido. La bendita incertidumbre para la democracia será la constante, aún con la presencia beligerante del gran líder. Coahuila es un anticipo de que no hay certeza y nos dice mucho de la necesidad de organización y… de recursos para enfrentar a un partido en el poder que disfruta de la comodidad que le da ser gobierno.
El modo de hacer política se está reinventando. Los manuales de campaña están obsoletos. Sin embargo, la base será la Organización partidista, hasta ahora muy debilitada en todos los partidos. Previo a las elecciones, las organizaciones se aceitaban, reestructuraban, motivaban, se les avituallaba y capacitaba. La esperanza de obtener un puesto dentro de la administración pública o una posición electoral era la motivación principal.
Las inercias por supuesto continuarán. Sobre todo las que tienen que ver con las no democráticas. Por ejemplo Encuentro Solidario, está listo para elegir a su nuevo dirigente Nacional: Hugo Erick Salgado, en el que ya todos coincidieron ¡Antes de su próxima asamblea nacional! Como sentenció el Diputado Federal Jorge Argüelles. En Morelos los partidos seguirán la misma lógica política.
Los nuevos partidos dependen principalmente de los recursos que aportan sus líderes o benefactores. No se ve que alguno tenga propuestas serias; aunque sé que aun es temprano, una cosa es cierta: no hay más geografía política. No hay izquierda ni derecha, ni radicales, ni centros. Los últimos veinte años ya gobernaron los que se auto situaban en uno y otro lado y demostraron no tener ninguna diferencia en sus propuestas. En el tiempo político, sólo hay una claridad: no hay oposición. ¿qué es lo que hay? Un duelo permanente de egos e intereses. No hay política.

Por Ariel Homero López Rivera / opinion@diariodemorelos.com

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