La presencia del virus de la gripe aviar altamente patógeno se ha detectado por primera vez en ejemplares de aves muertas en la Antártida, según han confirmado investigadores del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España.

La gripe aviar se detectó por primera vez en la región antártica en octubre de 2023, cuando los skúas pardos (o págalos pardos) dieron positivo en Georgia del Sur, a más de mil 700 kilómetros de la Antártida continental. Posteriormente se propagó a elefantes y focas, así como a pingüinos de las cercanas islas Malvinas.

Los científicos temen desde hace tiempo un brote de gripe aviar en la Antártida, donde el virus podría arrasar colonias de mamíferos marinos y aves, incluidos los pingüinos.

"Si el virus empieza a causar mortalidad masiva en las colonias de pingüinos, podría ser la señal de uno de los mayores desastres ecológicos de los tiempos modernos", escribieron los científicos en un estudio publicado el año pasado. Además, el hallazgo acrecienta los temores de que surja una variante que pueda provocar la transmisión entre humanos.

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