Ayer se cumplieron exactamente 200 años del acontecimiento que presenciaron atónitos los habitantes de la villa de Cuernavaca. El día 5 de junio de 1821, una tropa realista llegó a Cuernavaca por el tramo del camino real de Chipitlán, venían de Tetecala donde dos días antes derrotaron a la última fuerza insurgente del sur. Al frente de la tropa marchaba un jinete, quien sostenía una lanza en cuya punta estaba clavada la cabeza del último jefe insurgente muerto en la batalla de Tetecala. Los soldados realistas llevaban la cabeza decapitada como trofeo de guerra. Era costumbre de los militares españoles exhibir en público la cabeza cercenada del jefe vencido, para escarmiento de los enemigos del gobierno virreinal. Los cuernavacenses salieron de sus casas al escuchar el trote de la cabalgata que marchaba en dirección a la plaza central de la villa de Cuernavaca. Al llegar a la plaza colocaron la cabeza en un asta, donde la expusieron a la vista del pueblo, con un letrero que decía “Cabeza de...” Su cuerpo fue sepultado en Mazatepec. La batalla de Tetecala fue el último enfrentamiento entre realistas e insurgentes. Empezaron ambos bandos atacándose con armas de fuego y terminaron luchando a machetazos, puñaladas y lanzadas. Fue una lucha que terminó en una masacre, resultando vencedores los realistas por su mayor número de soldados. A los insurgentes les afectó ver caer muerto a su jefe.   

Javier Ruiz Ocampo, cronista de Taxco, proporciona estos datos del último jefe insurgente: “Nació en Acuitlapan, pueblo cercano a Taxco, el 29 de junio de 1776. Indígena de raza pura hablaba castellano, náhuatl, otomí y mazahua. Desde joven trabajó en las minas de Noxtepec, Zacualpan y Sultepec; posteriormente se desempeñó como arriero en el traslado de metales. En 1810 ingresó a las fuerzas insurgentes comandadas por Ramón López Rayón, quien lo nombró capitán de caballería. En enero de 1812 se incorporó en Taxco a las fuerzas de José María Morelos y Pavón, a quien acompañó el 4 de febrero en su entrada triunfal a Cuernavaca; durante los tres días de estancia en esta villa, Morelos lo comisionó para que instalara un retén en la entrada a Cuernavaca, para que por el camino real que atravesaba la serranía no entraran espías ni enemigos realistas. En junio de 1812 atacó el cuartel realista del Monte de la Cruces. Sus hazañas se convirtieron en leyendas que el pueblo repetía, apoyado por la gente de los pueblos que simultáneamente eran guerrilleros y campesinos. Al frente de su caballería, caía como rayo sobre el enemigo por los abruptos caminos en donde con la misma presteza desaparecía. Posteriormente se integró a las fuerzas comandadas por Vicente Guerrero, con quien se comunicaba en náhuatl. En 1820 se fortificó en el cerro de la Goleta, de donde salía con sus huestes a incursionar por los alrededores de Taxco e Iguala, causando grandes estragos a los realistas. Se distinguió por valiente, cauto e ingenioso. Venció al comandante Juan Domínguez en Santa Rita y al coronel Juan Rafols en el  cerro de la Rueda. Agustín de Iturbide se propuso vencerlo, marchando decididamente a su encuentro; sin embargo, el último jefe insurgente lo derrotó en el cerro de San Vicente. De esta forma se mantuvo invicto hasta mediados de 1821.” 

Edmundo Roa García, cronista mexiquense, proporciona estos datos del último jefe insurgente: “Contrajo matrimonio con Cayetana Rufina con quien tuvo 5 hijos. Atacó la guarnición española del Monte de las Cruces. Se hizo temer en un área que comprendía desde Huitzuco hasta Ixtapan del Oro. Mantuvo con Vicente Guerrero una amplia red de información, vigilancia y espionaje desde las cercanías de Toluca hasta la costa del Pacífico. Tomó el cerro de la Goleta como cuartel y dividió las tareas de la guerrilla, especialmente las del cuidado de los cultivos. En 1819 atacó un destacamento español en Texcaltitlán, al mando de Francisco del Paso, matándole a toda su gente. Atacó Ixtapan de la Sal, pues el cura prohispano guardaba armas, saqueando todo el pueblo. Logró un botín de 14  mulas cargadas de plata y armas, cerca de Sultepec. En 1820 los realistas lo persiguieron tenazmente. Tomó Teloloapan, atacó Iguala, Taxco, Zacualpan y Zinacantepec. La Gaceta de México le dio mucha fama. Agustín de Iturbide informó al virrey que una sección de su ejército había sido derrotada en Almoloya por el último jefe insurgente. Destrozó totalmente a la retaguardia de Iturbide cerca de Tlatlaya, con un total de 180 muertos. En 1821 derrotó a Miguel Torres en Huayahualco; en el combate murió su hermano Simón. Atacó la ronda en Tepecoacuilco. Fueron recibidos triunfalmente por el pueblo de Acatempan Vicente Guerrero y el último jefe, quien estuvo presente en el histórico abrazo del 10 de febrero. Los pueblos de Tenango, Tenancingo y Santiago Tianguistenco se armaron para resistir al último jefe y ofrecieron 500 pesos por su cabeza.”

Noé Berrueta Barón, ingeniero y ex diputado mexiquense exalta las cualidades y hazañas del último jefe insurgente: “Es el único mexiquense de talla y peso nacionales en el proceso de la guerra de independencia. Fue más famoso y significativo, en su tiempo, que su jefe Don Vicente Guerrero. Ganó tres batallas decisivas contra Agustín de Iturbide y muchas más contra otros jefes españoles. Fue el único indígena triunfador en el proceso independentista. Inventó la guerrilla agraria. Fue el segundo en el mando de las tropas insurgentes en el Abrazo de Acatempan. Nunca aceptó el indulto. Por estos motivos, el Estado de México debe reivindicar su ilustre nombre y su gran acción”

Lucas Alamán hizo esta mención: “Era hombre de valor y de mucha viveza para el género de montaña que era acomodada al terreno que ocupaba, y había logrado tener en inquietud todo el extenso territorio que se prolonga desde las puertas de Toluca hasta el Río Balsas, siendo obra de sus esfuerzos todo lo más importante que se hizo en el sur, aunque se haya aplicado a otros la gloria de ello.” El último jefe insurgente al que nos referimos es: PEDRO ASCENCIO DE ALQUISIRAS, héroe mexiquense.

Por JUAN JOSÉ LANDA ÁVILA / jjlanda.cronica@gmail.com

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