El his­to­ria­dor mexi­cano e inge­niero de minas Don Manuel Rivera y Cam­bas, rea­lizó un inte­re­sante viaje a la ciu­dad de Cuer­na­vaca a prin­ci­pios de 1884, el cual narró en el ter­cer tomo de su mag­ní­fica obra “México Pin­to­resco, Artís­tico y Monu­men­tal”, publi­cada ese mismo año. Esta obra nos pro­por­ciona una gran can­ti­dad de datos de carác­ter his­tó­rico, geo­grá­fico, eco­nó­mico e incluso cos­tum­brista del Estado de More­los de esa época. Cabe seña­lar que ese ter­cer tomo tam­bién incluye los esta­dos de Gue­rrero, Michoa­cán, Colima, Hidalgo, México y el enton­ces terri­to­rio de Baja Cali­for­nia.

Don Manuel Rivera era ori­gi­na­rio de Xalapa, Vera­cruz, en donde nació el 29 de abril de 1840. Estu­dió en la Escuela de Mine­ría de la Ciu­dad de México y escri­bió diver­sos artí­cu­los en las revis­tas “Ana­les Mexi­ca­nos de Cien­cias” y en el “Minero Mexi­cano”. Rea­lizó estu­dios de espe­cia­li­za­ción en España, Fran­cia e Ita­lia. Escri­bió la his­to­ria de su ciu­dad natal en 1871, en su libro “His­to­ria Anti­gua y Moderna de Jalapa”. Fue miem­bro de la Socie­dad Mexi­cana de Geo­gra­fía y Esta­dís­tica y entre las muchas obras que escri­bió se encuen­tra la “His­to­ria de la Inter­ven­ción Euro­pea y Nor­tea­me­ri­cana en México y del Impe­rio de Maxi­mi­liano de Habs­burgo” (1888). Falle­ció el 17 de febrero de 1917, a los 76 años.

Para su viaje, Rivera y Cam­bas abordó el ferro­ca­rril que reco­rría un pequeño tramo de la Ciu­dad de México hasta al pue­blo de Tlal­pan, enton­ces punto final del reco­rrido, de ahí tuvo que tomar un asiento en la dili­gen­cia hacia Cuer­na­vaca, que resultó todo un supli­cio pues el via­jero tenía que sufrir el gol­pe­teo ince­sante y molesto del carruaje y comenta que “…los vuel­cos, los derrum­ba­de­ros y la falta de segu­ri­dad aun entran como impor­tan­tes fac­to­res, en la reso­lu­ción del inte­re­sante nego­cio de hacer un viaje á la mas popu­losa ciu­dad del Sur de México”.

Al lle­gar a Cuer­na­vaca Don Manuel tuvo la per­cep­ción de “…una ciu­dad que no agrada de pronto,.. Las calles for­man labe­rinto; sola­mente la nacio­nal (hoy Av. More­los) es recta, her­mosa y ámplia y las empe­dra­das moles­tan más que favo­re­cen su andar”. En cuanto al clima señala que “El calor es muy fuerte…y molesta mucho; no fal­tan los mos­qui­tos” y agrega que la pobla­ción es nota­ble por la abun­dan­cia de flo­res.

Don Manuel hace una amplia des­crip­ción de la Cuer­na­vaca de esa época, habla de su his­to­ria, del Pala­cio de Cor­tés, del Jar­dín Borda, de sus parro­quias y ermi­tas, del con­vento de San Fran­cisco y su extensa huerta que “…,tenía muchos árbo­les fru­ta­les y un her­moso estan­que donde cria­ban bagres y tru­chas…”.

En este texto tam­bién habla de los alre­de­do­res de Cuer­na­vaca, como la hacienda de Atla­co­mulco, las Fuen­tes de Gua­da­lupe (hoy Par­que Mel­chor Ocampo), Jiu­te­pec, Cuautla, Jona­ca­te­pec, Xochi­te­pec y Cuen­te­pec a la que refiere como un “… con­junto de cho­zas techa­das con zacate ama­ri­llo,… en donde se…han con­ser­vado en su pureza las cos­tum­bres…”. Asi­mismo, nos dice que si se visita Cuer­na­vaca no se debe de dejar de visi­tar Xochi­calco en donde exis­ten “…sub­te­rrá­neos en medio de la mon­taña, cavi­da­des que los indios ase­gu­ran ser muy pro­fun­das”.

Señala que la “…ins­truc­ción pública está muy ade­lan­tada en Cuer­na­vaca, donde exis­ten varias escue­las par­ti­cu­la­res y otras cos­tea­das por el Estado”. Sin embargo, ase­gura que el estado “… nece­sita que sobre él se pro­yec­ten los rau­da­les de luz que van uni­dos á la ins­truc­ción y mora­li­dad de los pue­blos;…” y agrega “…hay aun muchas oscu­ri­dad en los séres des­gra­cia­dos que nacen, viven y mue­ren, sin gozar de los dones que á las socie­da­des pro­por­ciona la actual civi­li­za­ción”.

Don Manuel tam­bién nos habla de la estruc­tura polí­tica del estado y de la muni­ci­pa­li­dad, así como de la acti­vi­dad eco­nó­mica, pues en ese enton­ces Cuer­na­vaca era un impor­tante pro­duc­tor de aguar­diente, exis­tía acti­vi­dad gana­dera y de ordeña de vacas, la arrie­ría, que era el sis­tema de trans­porte de mer­can­cías y de su acti­vi­dad agrí­cola, Asi­mismo, repro­cha que “…no se apro­ve­che debi­da­mente la caída de las aguas, que podría ser­vir de motor de gran uti­li­dad”.

Rivera y Cam­bas comenta que la posi­ción del estado es pro­pi­cia para ocul­tar gavi­llas de mal­he­cho­res y que a pesar de haber creado leyes para erra­di­car­las, no lo han logrado “…por falta de fuer­zas com­pe­ten­tes para per­se­guir á tanto mal­he­chor”.

En esos años, el Estado de More­los y el de Hidalgo aún tenían serios con­flic­tos en sus lími­tes terri­to­ria­les con el Estado de México y Don Manuel habla sobre los pro­ble­mas que tie­nen los comi­sio­na­dos que bus­can lle­gar a un arre­glo satis­fac­to­rio.

Real­mente el docu­mento de Don Manuel Rivera y Cam­bas resulta muy inte­re­sante, para cono­cer nues­tra his­to­ria y la visión que se tenía de nues­tro estado en esa época deci­mo­nó­nica que tuvo gran­des cam­bios cul­tu­ra­les.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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