Aus­tra­lia.- Elena Ryba­kina tocó la cima otra vez, sin estri­den­cias, sin ges­tos exa­ge­ra­dos, pero con un tenis demo­le­dor. La kazaja con­quistó su segundo título de Grand Slam al ven­cer a la número uno del mundo, Aryna Saba­lenka, en la final del Abierto de Aus­tra­lia, en una vic­to­ria que con­firmó su lugar entre las gran­des.

El triunfo llegó tras un ini­cio de 2025 tur­bu­lento, mar­cado por la sus­pen­sión de su entre­na­dor. Sin embargo, Ryba­kina cerró el año ante­rior con el título de las Fina­les de la WTA en noviem­bre y ahora arrancó la nueva tem­po­rada con un cam­peo­nato mayor.

Fiel a su estilo, la cele­bra­ción fue dis­creta: un puño cerrado al aire, un breve abrazo con Saba­lenka, el saludo a la jueza de silla y una son­risa acom­pa­ñada de aplau­sos con la raqueta hacia el público.

El par­tido se resol­vió con un ace, cul­mi­nando una remon­tada en el ter­cer set para impo­nerse por 6-4, 4-6 y 6-4 ante una rival recu­rrente, que la había derro­tado en la final de este mismo tor­neo en 2023.

“El cora­zón defi­ni­ti­va­mente latía dema­siado rápido. Qui­zás mi ros­tro no lo demos­traba, pero por den­tro había muchas emo­cio­nes”, con­fesó Ryba­kina tras un cie­rre sereno y clí­nico ante miles de afi­cio­na­dos que la vol­vió cam­peona en Mel­bourne.i

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