El canto de las sirenas que se traía Andrés Manuel López Obrador con aquella su ocurrencia de la “Nueva Normalidad”, no sólo quedó evidenciada como un sueño borincano sino como un engaño y fracaso por haber pretendido engatusar a los mexicanos, con aquello de que “se había terminado la sana distancia”…

El miércoles 3 de junio todavía con su ensoñación, López Obrador salió a la Tribuna en su “Mañanera” desde Campeche, para ratificar el pregón de su “Nueva Normalidad” por el término de la “sana distancia”, pero más que pronto dos horas después le salió al paso su empleado, el epidemiólogo de su Gabinete, el subsecretario de Salud Hugo López Gatell, no sólo para desmentirlo sino para aclarar presuroso como lo tuvo que hacer con frecuencia hasta la fecha, que lo de la contingencia por la pandemia del Coronavirus, continúa con peligro ascendente en el País…

Ese día en tan sólo 24 horas, más de 1000 personas perdieron la vida, motivo por el cual el Galeno referido recomendó aquello del “¡quédate en casa!”, mantener la “sana distancia” y protéjense cada quien y a los suyos con todo lo necesario por el repunte del COVID-19, que continúa su terrible y catastrófico embate, no sólo por los miles de contagiados sino por la creciente cantidad de miles de muertos…

A Andrés Manuel no le quedó de otra luego de su falacia matutina, más que salir a la palestra en el curso de su gira de trabajo por aquellas tierras del Sureste Mexicano, para reconocer y como consecuencia recular tras la llamada de atención de Hugo López y respaldar la decisión de éste, a efecto de recomendar a los mexicanos hacer caso a las recomendaciones del Subsecretario de Salud…

¡Como se dice en el argot educativo, López Gatell le puso “orejas de burro” a Lopitos frente a la triste realidad que vivimos los mexicanos, por lo de la pandemia! ¡A cuidarnos..!

No hay ninguna Nueva Normalidad… Por ahora sólo vivimos y enfrentamos esta triste y peligrosa brutalidad como nueva realidad!

IGLESIAS, ¡NI LIMOSNAS..! Prácticamente y sin excepción, tras la orden dada por la Secretaría de Gobernación para la suspensión de ceremonias religiosas de los diversos cultos en todos los templos, como consecuencia de la contingencia del Coronavirus, las reuniones de los feligreses en sus iglesias, salvo que lo hagan clandestinamente, las puertas de esos espacios de fe, credo, oración y religión permanecen cerradas…

A los creyentes que puedan y quieran hacerlo, los han convocado para que se puedan sumar por la televisión o por las redes sociales… A otros no les queda más que cumplir con sus rituales, como su saber y entender se los permitan…

Todo lo anterior, en cumplimiento y atención a las órdenes gubernamentales previsoras por los deberes espirituales…

No para los creyentes pero si para los guías religiosos entre pastores, hermanos, curas, padres, sacerdotes, rabinos u otras denominaciones, su tema preocupante sin lugar a dudas lo es la cuestión de los diezmos, aportaciones, colaboraciones económicas o limosnas, que por ahora no les llegan a las charolas o alcancías en sus recintos…

Seguramente que en alguna forma, algunos de ellos ya habrán implementado su estrategia para poder contar con los óvolos de sus feligreses creyentes…

Parece que la crisis económica también les llego a los guías espirituales de las religiones que representan, por lo cual muchos de ellos entre las y los desesperados, ya hasta piden con mayor ánimo que pronto alcancemos el milagro para que se acabe la pandemia…

¡Oj alá -quiera Dios- que así sea! ¡Hasta mañana que será un día más..!

Por: Pablo Rubén Villalobos / pablorubenvillalobosh@hotmail.com

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