El astro brasileño Dani Alves deberá comparecer ante la justicia española acusado de acoso sexual. Una dama señaló al jugador de Pumas y la selección brasileña de hostigamiento incluso con tocamientos lúbricos. Los hechos supuestamente ocurrieron el 30 de diciembre en una discoteca en Barcelona. Aceptando la presunción de inocencia, es un caso sumamente delicado, sobre todo cuando el veterano futbolista juega para una institución que debe encarnar sólidos principios y valores.
Uno de los problemas que trae aparejada la fama es que las estrellas creen que se rigen por otro código. Ya podemos hablar de un rockstar, un atleta o un político. El hecho es que desde una posición de superioridad por la admiración que despiertan o el poder que detentan, agreden a mujeres que en ningún momento han dado motivo y mucho menos otorgado su consentimiento.
Paralelo al caso Alves también se ventila ante la autoridad el caso del tenor Plácido Domingo, señalado en varias ocasiones como un acosador y un “mano larga”. Nadie lo está condenando de antemano pero como dice el dicho: “Cuando el río, es porque agua lleva”.
Afortunadamente vivimos tiempos de cambio. Las féminas se han empoderado y a partir del movimiento de #MeToo alzan la voz para denunciar actitudes machistas, misóginas o francamente abusivas por parte de los varones que todavía creen, los muy tarados, que se les puede denostar, ofender o hasta violar por el simple hecho de ser mujeres.
No hay día en que no leamos o escuchemos alguna denuncia relacionada con este penoso tema. El famoso se cree “ligador” y que todas quieren con él. Generalmente acomplejado y prepotente, es incapaz de un elegante cortejo. Al contrario, es el arrebato lo que conduce sus primitivos instintos y si hay alcohol u otra sustancia estimulante de por medio, la cosa se pone de horror.
Famosa es la anécdota atribuida al famoso futbolista británico George Best, quién jugara para el Manchester United en los años 70. Arruinado económicamente, dijo que en una ocasión había dejado las drogas, las mujeres y el alcohol….y que habían sido las 24 horas más terribles de su vida.
Prácticamente no hay un día que no leamos o escuchemos alguna noticia relacionada con este tema. De Luís de Llano a Sergio Andrade; de Harvey Weinstein a Keith Raniere pasando por Jeffrey Epstein el abuso es una constante.
Ojalá, por el bien de Dani Alves, de su familia y de Pumas, pueda probar su inocencia. Sin embargo, en caso de ser culpable, no se entendería su permanencia en el cuadro del Pedregal.
Los colores azul y oro no se pueden permitir la osadía de cultivar otro escándalo. La esencia de la institución se vería traicionada al permitir vestir la camiseta a quién se le comprobara un abuso de índole sexual.
El banquillo de los acusados no debe resultar cómodo para nadie y este tipo de denuncias manchan. Alves y su equipo de abogados tiene en sus manos una papa caliente. Ojalá no se quemen.
ARTURO BRIZIO CÁRTER | apbcarter_1@hotmail.com
