Es la sierra de Huautla una reserva de la biosfera así declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en octubre de 2006. Abarca 59 mil hectáreas de los municipios de Tlaquiltenango, Puente de Ixtla, Jojutla, Amacuzac y Tepalcingo. Su nombre se lo da la comunidad de Huautla, sambutida en la sierra de Tlaquiltenango, el municipio de mayor extensión territorial de Morelos, de calles serpenteantes brincando en la topografía accidentada y casas mayormente de adobe con techos de teja. Hasta fines de los setenta, la gente de Huautla vivía de la mina de plata y un tanto de la agricultura, pero pocos años después cerraron los dos “tiros” de la mina y Huautla se convirtió en un pueblo fantasmal.
El tal silencio, que se escucha el zumbido de las moscas, y la soledad, que las aves de corral se pueden contar con los dedos de las manos. De aquel pueblo alegre y laborioso sólo quedan restos de las obras del sexenio de Lauro Ortega Martínez, el gobernador que a mediados de los ochenta lo remodeló. Amigos de Huautla que residen en Cuernavaca refieren la bonanza que no regresará, cuando de su pueblo salía la plata para las monedas que acuñaba Emiliano Zapata y en los cincuenta los “tiros” Real de Huautla y Santa Cruz Santiago producían el metal precioso que era llevada a “beneficiar” a Taxco y San Luis Potosí, hasta treinta años después que la empresa francesa Compañía Minera de Santiago y Anexas cerró los dos “tiros” y comenzó el éxodo que en poco tiempo lo convirtió en un pueblo casi deshabitado.
Región de imágenes contrastantes que van de la exuberancia de las riberas del río a los acantilados como cortados a tajos de machete y lomas heridas por cactus de gran tamaño, Huautla no es visitada ni en Semana Santa, a diferencia de los manantiales de Las Huertas que casi todo el año son disfrutados por turistas capitalinos y morelenses que van y vienen o se quedan un par de días acampando.
Para llegar a Las Huertas es posible cortar por una desviación de la Autopista del Sol, un par de kilómetros adelante del entronque de Tequesquitengo. Si vas por El Higuerón, al cual confiere su nombre el cerro que domina el valle de Jojutla, con suerte te ofrecerán un trozo de carne de venado que ahí suelen cazar, pero sólo para comer, no para vender. Cinco minutos después, estarás entrando a la selva baja caducifolia, y durante media hora darás tumbos en los baches del camino que lleva a Las Huertas. La temperatura ronda los treinta y ocho grados, los cactus destacan como agujas clavadas en el suelo y los árboles de tallos rojizos lanzan destellos que reflejan los rayos del sol candente. Saliendo de una curva, por unos segundos dos correcaminos de tono cenizo aparecerán corriendo, zigzagueantes, adelante de la camioneta, y esto, según los lugareños, es señal de buena suerte. Muy cierto, porque al poco rato tienes la fortuna de ver un águila como a cincuenta metros, asida con sus patas poderosas al cactus con forma de tenedor. Si eres buen observador y las conoces, notarás que el águila no protege sus patas con “botas” de plumas, y por unos instantes brevísimos parecerá mirarte con ojos interrogantes antes de emprender el vuelo y perderse en lo alto del cielo. Alto, sí, pero no tanto como los halcones que luego verás planear buscando con su visión privilegiada al conejo, ardilla o víbora sobre la cual se lanzará en picada vertiginosa. Habrás tenido el privilegio de ver a los correcaminos, al águila y los halcones en su hábitat natural, la sierra de Huautla, el paraíso que las generaciones actuales debemos preservar para las futuras. Cuento todo esto por lo siguiente: ¿dónde tendrán la cabeza los alcaldes del rumbo que suelen llevar al Valle de Vázquez la basura de los municipios que mal gobiernan? El Valle de Vázquez es parte de la selva media baja caducifolia de Tequesquitengo y de la reserva de la biosfera zona de Huautla. ¿Está claro?.. (Me leen mañana).
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