Transcurren los primeros minutos del sábado 5 de enero pasado. Las personas decentes descansan, los criminales “trabajan”. Las imágenes del C-5 no dan lugar a dudas. Muestran claramente a un convoy formado por cuatro vehículos, un March y un Sentra, ambos de color acero, más otro March azul y un Venton negro. En medio de la soledad de la noche, se desplazan por la avenida Reforma del fraccionamiento Lomas de Cuernavaca, toman la calle Laurel y continúan hacia Paseo de Burgos hasta la calle Las Ánimas en la colonia del mismo nombre de Temixco. El Sentra y el March plata acaban de ser sustraídos de un condominio del citado fraccionamiento, aprovechando los ladrones que sus propietarios se encuentran en el extranjero. Lo saben perfectamente porque uno de los rateros hace trabajos eventuales en el domicilio de los dueños del mismo, así que éste tiene llaves del portón y de la casa a cuyo perro conoce desde que era cachorro. Por eso el Bóxer no ladra en los momentos en que sacan los autos y se llevan pantallas de televisión, relojes, alhajas e inclusive la factura del Sentra que tienen a la vista, no así la del March que en vano buscan dejando un desorden de papeles y objetos varios tirados. Pese a que el robo fue reportado de inmediato al 911 y enseguida confirmado en la Fiscalía General Estado mediante una denuncia de hechos levantada por el conserje del condominio que pocos días después fue ratificada por las víctimas, tuvo que pasar un mes para que la Comisión General de Seguridad le facilitara copias de los videos a la Policía de Investigación Criminal. Señalados en la carpeta de investigación TX03/12/2019 como presuntos involucrados, el cura Ulises, del March azul; Aldo Eduardo, el propietario del Uber negro, y Juan Antonio, el trabajador eventual de los dueños de la casa saqueada, fueron llamados a declarar en el área de robo de vehículos de la Fiscalía Estatal. Sus comparecencias fueron cómodas, laxas, burocráticas. Y sólo eso. Ocupado en temas presupuestales y preocupado por mantenerse en el cargo, el fiscal Uriel Carmona Gándara tiene poco tiempo para hacer su trabajo… Una cosa lleva a otra.  El tema no es menor, lleva años en Morelos y México entero. Es el negocio de las autopartes robadas que genera utilidades millonarias al crimen organizado. Funciona a ojos vistas, y sólo lo explica la corrupción de autoridades implicadas en esta actividad ilegal, histórica pues lleva décadas operando. Los corralones de repuestos automotrices tienen éxito por la obviedad de que venden mucho más barato que en las refaccionarias formales. Cincuenta y más por ciento menos, puesto que en estos negocios les compran a los ladrones a precios irrisorios y así pueden vender baratísimo: 20 mil pesos por un juego de rines para automóviles de alta gama contra 60 mil en las agencias, y todo lo imaginable para vehículos de marcas populares: portezuelas, asientos, parrillas, espejos, volantes, parabrisas, medallones, carrocerías enteras y hasta motores en “yonquers” usualmente asentados en predios carreteros o en negocios de accesorios usados establecidos en locales urbanos. Por supuesto hay excepciones, algunos que operen dentro de la normatividad, dados de alta en Hacienda y al corriente de sus impuestos, que comprueben la procedencia lícita de la mercancía con facturas de autos siniestrados. Sin embargo, los precios que ofrece la mayoría dan al menos para la sospecha. Sucede así: el cliente a cuyo coche le robaron llantas y rines pregunta cuánto cuestan, acuerda el precio y lo compra, pero si no tienen lo que busca deja un “adelanto” para que se lo consigan. La mayoría vende sin factura, pero si el cliente la pide le cargan el IVA. Las operaciones se manejan en el juego de valores entendidos del tú ahorras, pagas barato aunque estés seguro de que estás comprando un artículo robado y que paguen las empresas de seguros y el deducible la víctima del robo. Después del narcotráfico, es el robo de coches la actividad más rentable del crimen organizado. Combatirlo le cuesta al gobierno cientos de millones de pesos al año y sumas fantásticas a las empresas aseguradoras. En México, aun cuando la cantidad de vehículos resulta abismalmente inferior que en Estados Unidos, las estadísticas de este ilícito se reflejan en los precios de las pólizas que suben conforme más automotores son hurtados. Mejor organizadas y con tecnología de punta que incluyen computadoras y otras herramientas sofisticadas, las bandas del presente en nada se parecen a las del pasado. Algunas se especializan en marcas y modelos, mientras otras se dedican a la exportación hasta Europa y África o países próximos como Guatemala y El Salvador donde se ha sabido que circulan coches robados en México. Toda una “industria” que no podría ser posible sin la complicidad de autoridades corruptas en un marco de impunidad ante el cual los sucesivos gobiernos de Morelos han cerrado los ojos… (Me leen después).

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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