Feria de Cuernavaca habrá este año, pero siempre y cuando haya condiciones de seguridad. El alcalde Antonio Villalobos Adán precisa: la realización del festejo no está descartada, pero solicitará las opiniones del titular de la Comisión Estatal de Seguridad y la Guardia Nacional, “y si determinan que cumplimos con el tema de seguridad estaremos anunciando la realización”. Gente de aquí, no funcionario fuereño, “Lobito” sabe del temperamento de la capital morelense, así que adelanta: si feria no hay “estaremos buscando otras alternativas”. La historia: Comenzó llamándose Feria de la Bugambilia y luego De la Flor, tuvo sedes en el Jardín Borda y en el Parque Revolución y antes hubo el Carnaval de Cuernavaca, apoyada su organización a partir de 1965 por los sucesivos alcaldes Valentín López González (1964-1966), Felipe Rivera Crespo (1967-1969) y Ramón Hernández Navarro (1970-1973). En el siguiente trienio se suspendió el carnaval y sólo quedó la Feria de la Flor. En realidad, el Carnaval de Cuernavaca no llegó, ni por asomo, a convertirse en una tradición, apagado el inicial entusiasmo de los diferentes comités ciudadanos que se encargaban de su preparación. La idea era competir o intentar poner a la Feria de Cuernavaca a la altura de otras del país, como la de San Marcos o la Del Caballo, una meta difícil de alcanzar. A duras penas sobrevivió la Feria de la Flor con algún repunte en las administraciones municipales a cargo de David Jiménez González (74-76), Porfirio Flores Ayala (76-79) y José Castillo Pombo (79-82), bajo los gobiernos de Rivera Crespo (70-76) y de Armando León Bejarano (76-82). Entre 82 y 88, con la administración del gobernador Lauro Ortega Martínez, la Feria de la Flor agarró un nuevo aire por el respaldo que le dio el galeno de Xochitepec durante los tres primeros años de su mandato, ya que el alcalde del trienio 82-85 y ex rector de la UAEM, Sergio Figueroa Campos, parecía poco dado a la fiesta de la gente. Con la llegada de Juan Salgado Brito a la alcaldía de Cuernavaca, la Feria de la Flor tuvo un cierto empuje y hasta sedes alternas en el Parque Chapultepec, el Borda, el Parque Melchor Ocampo y el Zócalo. Se invitó a participar a viveristas de otros municipios como Jiutepec, Zapata y Temixco, y aquello comenzó a dar visos de parecer arraigarse y llegar a ser una Feria de la Flor de alcance nacional. Pero no cuajó. Vinieron luego los primeros años de la reforma político-electoral impulsada por la presión de los partidos medianos y chicos para contrarrestar la hegemonía del PRI-aplanadora, ya en el gobierno del priista Antonio Riva Palacio (88-94), lo cual propició, entre otros efectos, que de 1988 a 1991 Cuernavaca tuviera tres alcaldes: Eloísa Guadarrama, Julio Mitre Goraieb y Sergio Estrada Cajigal Barrera. Vaivenes políticos por los que la Feria de la Flores resintiera un “bajón” y se perdiera lo poco alcanzado en épocas anteriores, en un decaimiento que no levantó el trienio completo de Oscar Luis Flores Ruíz. Fue hasta la llegada del más o el único político carismático del PRI, Alfonso Sandoval Camuñas, que la Feria de Cuernavaca agarró un segundo o tercer aire, a lo cual contribuyó sin duda el manejo político y administrativo del alcalde vecino de los rumbos de La Cordobesa”, de Álvaro Obregón frente al callejón Victoria. “Poncho”, como familiarmente le llamaba casi todo Cuernavaca, ubicó el escenario de la feria en el antiguo y tradicional Hotel Casino de la Selva, y la fiesta capitalina se salvó de la extinción al menos por el trienio 94-97. Vino otro interinato al frente de la comuna cuernavacense, esta vez a cargo de Sara Olivia Parra Téllez, en 1997, y después el primer gobierno no priista en siete décadas, del panista Sergio Estrada, al que sucedieron las administraciones, igualmente del PAN, de Raúl Hernández Ávila, Adrián Rivera Pérez y Jesús Giles Sánchez, la tristemente famosa “docena trágica” de cuatro trienios azules con más penas que aciertos y, entre ellos, la creación del Recinto Ferial que causó los reclamos de ejidatarios de Acapantzingo debidos a la falta del pago por las tierras ocupadas.. (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
jmperezduran@hotmail.com