Pocos morelenses han reparado en el hecho de que, por primera vez en su historia digamos moderna, el estado de Morelos no tendrá gobernador, sino gobernadora. ¿Quién? Lucy Meza o Margarita González Saravia, respectivamente postuladas para las elecciones del 2 de junio por las coaliciones que integran los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD), así como Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM). Morelense por nacimiento, Lucía Virginia Meza Guzmán nació en Cuautla el 13 de diciembre de 1975 y, morelense por residencia, Margarita González nació en la Ciudad de México el 13 de junio de 1956. La primera tiene 47 años y la segunda 68.
En México, la primera mujer en ser gobernada fue Griselda Álvarez Ponce de León (PRI), de Colima, de 1979 a 1985. Coincidió con Antonio Riva Palacio López (PR), quien fue gobernador de Morelos de 1988 a 1994, a quien dicho sea de paso acompañó el columnista a la toma de posesión de Griselda Álvarez que tuvo lugar en la capital colimense.
Históricamente, en México ha habido cerca de una veintena de gobernadoras, pero este número aumentará inmediatamente después de las elecciones de junio próximo. Además de la alianza PAN-PRI-PRD, la coalición Morena-PT-PVEM nominó candidatas a gobernadoras en Guanajuato (Alma Edviges Alcaraz Hernández), Jalisco (Claudia Delgadillo García), Veracruz (Norma Rocío Nahle García) y la CDMX (Clara Brugada Molina).
Un tema lleva a otro. Considerado el mejor gobernador que ha tenido el estado de Morelos, la campaña de Lauro Ortega Martínez arrancó en Huautla, hace 42 años. Ortega se ufanaba de que en su campaña recorrió los 400 pueblos de Morelos. Comunidades olvidadas por la política centralista como La Era (Calalpa), un pueblito que pertenece al municipio de Tlaquiltenango, el de mayor extensión territorial del estado de Morelos ubicado a 10.5 kilómetros al noreste de la cabecera municipal cuyos habitantes no llegan a mil.
Pero existe una comunidad más pequeña y con menos personas que La Era. Se llama Los Elotes (San Miguel de los Elotes). También está situada en el municipio de Tlaquiltenango, a 13 kilómetros de la cabecera, y tiene poco más de un centenar de habitantes. Los Elotes es un puñado de casas desparramado en un valle chiquito, verde, fértil, húmedo, caluroso, en medio de la nada. Lo recuerda el columnista. En 1982 estuve ahí cubriendo la campaña del en ese momento candidato a gobernador, Lauro Ortega. A Los Elotes llegué con el desaparecido fotógrafo del Diario de Morelos, Lucio Lara Juárez, en un Volkswagen safari que amenazaba desbaratarse en el zangoloteo de la brecha bordeada por los zaguaros de la selva baja caducifolia de Huautla que se prolonga hasta el estado de Guerrero. El paisaje es imponente, abundantes la flora y la fauna sobre grandes extensiones aún deshabitadas por el hombre donde deambula el venado y suele cazar el jaguar. (En agosto de 2014, tres imágenes de un jaguar adulto fueron atrapadas mediante la técnica de fototrampeo para la que utilizaron 22 cámaras en la tesis de maestría de la bióloga Floriely Castro Campos dirigida por David Valenzuela Galván, investigador del Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos).
Región de paisajes contrastantes que van de la exuberancia en las riberas del río a los acantilados rocosos cortados a tajo y lomas heridas por cactus clavados en colinas y planicies, el otrora pueblo minero de Huautla es poco visitado por el turismo, a diferencia de los manantiales de Las Huertas, disfrutados por miles de capitalinos que se quedan los fines de semana a acampar. Para llegar a Las Huertas se corta por una desviación de la Autopista del Sol, un par de kilómetros adelante del entronque de Tequesquitengo. O por El Higuerón, al cual confiere su nombre el cerro que domina el valle de Jojutla, donde el columnista tenía un amigo que ofrecía un trozo de carne de los venados que los lugareños cazaban, sólo para comer, no para vender. Cinco minutos después, estarás entrando a la selva baja caducifolia, y durante media hora darás tumbos en los hoyancos del camino que lleva a Las Huertas. Ahora mismo el calor anda cerca de los 38 grados, nada que ver con el confort del aire acondicionado y el confort las ciudades que prefieren los candidatos… ¿y las candidatas?... (Me leen el lunes).
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