Convocada por el Colectivo Ciudadanos por la Paz, que integran Rafael Cepeda Aguilar y otros ciudadanos de Cuernavaca, la marcha por la paz del 1 de diciembre fue descalificada por voces oficialistas con el argumento de que todos (o varios) de los organizadores eran (son) priistas. Y en efecto, Cepeda es un priista por demás conocido, director de Gobernación con el desaparecido alcalde Luis Flores Ruiz y suplente del ex presidente municipal de Cuernavaca, Jorge Morales Barud, ambos priistas. Pero no con pintarle a la caminata un tinte político-partidista desapareció el problema de la inseguridad pública. Ese fue el meollo (es), y el detalle, que el obispo Ramón Castro Castro les había prometido a los organizadores que iría a la marcha. Tuiteó: “La paz no puede ser concebida como anhelo, debe ser experimentada como una realidad tangible. No podemos acostumbrarnos a la violencia, a la tragedia, al miedo; seamos constructores de paz”. Dijo que iría pero a la hora de la verdad no fue, en el sexenio pasado marchaba por la paz pero en este ya no. Entre tanto Cepeda, de quien se supo que en la víspera se había reunido con Castro, anunciaba en pleno Zócalo: “Estamos convocando a una marcha pacífica para el próximo domingo primero de diciembre en la Glorieta de Tlaltenango a partir de las 9:30 de la mañana (…) Saldremos caminando a las 10 para venir aquí (a la Plaza de Armas) y hacer un pronunciamiento (...) Fijaremos una posición, daremos a conocer algunas demandas muy precisas y a seguir la lucha porque esto no puede parar hasta que Morelos se pacifique”. Hoy, luego de que asistió a una reunión con funcionarios, del obispo Castro se dice que ofreció colaborar en la cultura de la denuncia, para cooperar en la estrategia de seguridad que lleva a cabo el Gobierno del Estado. O lo que es lo mismo: que cooperará pero sólo moralmente y no de manera material, en esta ocasión sin tomar parte en la marcha por la paz y contra la inseguridad pública del 4 de febrero a la que está convocando Gabriel Rivas, de la asociación cívica Gustavo Salgado, de cuyo fallecimiento se cumplirán cinco años de esa fecha. Caminata, para no variar, del Calvario al centro de la ciudad pero con el añadido del anuncio del plantón permanente en la Plaza de Armas por parte de Rivas, así anunciado por éste mismo, y datos impronunciables del clérigo Castro sobre la violencia que remacha el propio Gabriel: 935 asesinatos en 2019, 100 feminicidios y 500 desapariciones… COMERCIANTES informales siempre ha habido adentro y afuera del mercado ALM e igual en los mercaditos municipales. Invadidas cuatro décadas atrás las aceras de Guerrero por vendedores de mercancía contrabandeada, acabaron siendo metidos en el Pasaje Degollado. Pero el monstruo del desempleo siguió vomitando vendedores callejeros que se apoderaron poco a poco de sitios del centro y de otros relativamente alejados del primer cuadro hasta convertirse en comerciantes fijos. Fue así que se dio la construcción del Pasaje Lido y la utilización del Puente del Dragón, con la idea finalmente frustrada de sacar al comercio informal del Zócalo y de calles cercanas. Ante la persistencia de la falta de empleos formales, más familias se incorporaron al ambulantaje hasta formar parte del paisaje de la Plaza de Armas, el Jardín Juárez, la explanada del “Morelotes”, Galeana, Matamoros, Guerrero y No Reelección. Complejo el mundo del comercio ambulante, practicantes sus componentes de una cultura contraria a la formalidad y a los trámites burocráticos, resistentes a las propuestas que signifiquen cambios a su modo de ser y su rutina de trabajo, para los políticos los comerciantes callejeros han representado temas de discursos huecos. Fenómeno de múltiples aristas, en el comercio informal hay patrones y empleados de puestos en mercados municipales y el centro comercial ALM, los pasajes y el puente de Guerrero, en tianguis itinerantes, taquerías, fondas y toda suerte de changarros. Caras las consultas médicas y exorbitantes los precios de los medicamentos, se enferman y no tienen IMSS o ISSSTE, de modo que les quedan estas opciones: el Seguro Popular, empeñar hasta la camisa para poder ser recetados por médicos particulares, ir a los hospitales de la red de la Secretaría de Salud o acudir a la medicina tradicional, incluidas yerbas, curanderos, brujos de a de veras y charlatanes. En resumen: un problema socio-económico viejo, añoso, pasmado al que históricamente los alcaldes le sacaron la vuelta. Pero no así Antonio Villalobos, el primero en poner orden en las afueras del hospital del IMSS de Plan de Ayala y en iniciar el reordenamiento de los puestos navideños de la calle Guerrero. Hecho lo cual, el quid es la paz en la jurisdicción municipal del Zócalo que no existe en la parte estatal del mismo… (Me leen después).

 

José Manuel Pérez Durán
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